Marcelo Morales quería una vida más tranquila
Frente al ataúd del menor de sus seis retoños, Octavio Morales relató que hace 17 años su hijo Marcelo estuvo muy lejos de llegar a ser el subcomisario que ahora es un mártir de la institución. Un centímetro estuvo a punto de impedírselo.
«Mi hijo eligió esta institución desde niño. Imagínese que hizo dos tentativas para entrar y a la segunda Nelson Mery le dio el pase. Le faltaba un centímetro para entrar, porque pedían un metro 70, por eso escribió una carta al director que después lo aceptó», narró el hombre que ayer debió enterarse de que su hijo, de 38 años, recibió más de una decena de balazos tras realizar un control al auto de Ítalo Nolli.
A sus 71 años, el padre del asesinado funcionario de la PDI observaba con tristeza a su nuera y pensaba en los niños de 5 años y de 6 meses que quedaron sin papá. Marcelo, que era cinturón negro en karate, le había comentado que tenía nuevos planes para ellos.
«Estaba con la idea de irse al sur, los jefes lo habían autorizado para que se fuera a Aysén. Él quería una vida más familiar, más tranquila, le gustaba pescar, cazar. Todos los planes se fueron por la borda por este fulano enfermo de la cabeza. Dicen que no les dio tiempo de nada y que cuando mi hijo se agachó, lo acribilló y ahí quedó el pobre», lamentó el hombre de anteojos amarillos.
Mientras recibía las condolencias de sus amigos, don Octavio reflexionó: «Es el primer hijo que se me va, ha sido terrible para toda la familia. Así es la vida, se van los buenos primero».


