Estuve a punto de perder el brazo, confiesa la deportista de 50 años
Al volver a Chile luego de participar en el Ironman de Hawaii, se le inflamó un dedo y comenzó una necrosis. Además de la araña, la atacó la bacteria asesina y debió ser operada para sacarle el tejido muerto.
En el último mes, a Pamela Espinoza le ha pasado de todo. La triatleta de 50 años viajó a Hawaii para participar del Campeonato Mundial de Ironman, donde terminó en el noveno lugar de su categoría. «Ahí empezó mi mala suerte», cuenta ella. «Cuando llegué al parque cerrado para comenzar la etapa de bicicleta, tenía una rueda desinflada. Estoy segura que alguien me desinfló la rueda, porque yo la había revisado antes y, además, no se volvió a desinflar después de que la infló el mecánico de la competencia. Entonces no fue pinchazo. Pero la carrera se me fue a las pailas».
Lo que vino luego fue mucho peor. «Diez días después de que volví a Chile, estaba revisando unas cajas con unos neumáticos que tenía guardados hace tiempo, y me picó una araña de rincón en la mano derecha. Es lo que pienso ahora, sacando conclusiones, porque en el momento no me di cuenta y no vi la araña. Durante el día hice mis cosas, llevé a mi hijo al médico, los fui a buscar al colegio, y me veía la mano muy inflamada, como si tuviera una quemadura. Durante la noche se empezó a poner negra y al otro día fui a la clínica», relata.
En la clínica, primero, «me inyectaron corticoides y me mandaron para la casa. Pero me dijeron que si tenía fiebre o vómitos, tenía que volver. Volví a las tres horas, porque estaba con 42° de fiebre. Y desde ahí no salí más en 14 días que estuve hospitalizada».
Al día siguiente, «me fue a ver el doctor y yo le pregunté cómo estaba para irme a la casa. Me dijo «no, en 15 minutos te tenemos que operar»». En ese momento no le dijeron nada, pero luego supo que la necrosis se le había producido por la famosa y temida «bacteria asesina», la estreptococo pyogenes. «Si no hacía nada, la bacteria en 12 horas me mataba. Y estuve a punto de perder el brazo. Lo tenía súper hinchado, desde la punta del dedo hasta casi el hombro.
Si mi brazo normal está en uno, ahí lo tenía como en 15″, ejemplifica la triatleta, que es mamá de cuatro hijos, de 19, 12 y 10 y seis años.
«Después de esa cirugía, me operaron dos veces más en siete días. Tres operaciones en una semana, la última fue el 5 de noviembre. Me abrieron el brazo completo para sacarme todo lo infectado. Por suerte, lograron estirarme la piel y no necesité injertos. Pero estuve en la UCI hasta el 5 de noviembre, cuando me mandaron a hospitalizarme en la casa.
Yo veía a los demás pacientes y todos estaban dormidos, inconscientes, y yo estaba despierta y los veía a todos más graves», comenta.
¿Cómo fue el regreso a casa con sus hijos?
«Yo pedí volver porque al día siguiente, el 6 de noviembre, mi hijo Patito cumplía 10 años, y no había visto a los niños mientras estaba hospitalizada. No quise que me vieran cómo estaba en la UCI, con catéteres y todo eso. Así que, después de hacerme exámenes, me dejaron con hospitalización domiciliaria y cuando llegué, Patito me dijo que era el mejor regalo de cumpleaños que había tenido. Ahí me di cuenta todo lo que pasé, porque cuando uno está ahí como que no se da cuenta de la gravedad».
Este miércoles, Pamela vivió su primer día de alta, luego de una semana de hospitalización domiciliaria. «Tengo que seguir tomando unos antibióticos súper fuertes y estoy con controles semanales de la mano, pero ya puedo hacer algunas cosas dentro de lo posible, porque no puedo ocupar la mano derecha. La doctora, Pamela Vergara, me dijo que estaba impresionada con mi recuperación, que mi cicatrización fue increíble, y que estaba segura que respondí así porque soy una mujer sana y deportista. Uno se recupera más rápido y tiene mejor resistencia».
«Es increíble cómo puede cambiar la vida en unos días. De estar súper sana, compitiendo en Hawaii, a casi irme al patio de los callados. Uno no elige lo que nos pasa, pero sí cómo seguir adelante. Y yo lo tomo como una segunda oportunidad para hacer las cosas mejor y agradecer todos los días a Dios y a la vida. Y todavía estoy esperando los súper poderes, jajajá», reflexiona Pamela.
El doctor Daniel Skorka, director de la carrera de Medicina de la U. Central, explica que «la picadura de araña de rincón suele pasar inadvertida al momento de contacto, ya que su mordedura no produce un dolor inmediato. Los primeros signos, como enrojecimiento, ardor, aumento de la temperatura local y dolor progresivo, aparecen horas después de la picadura. Sólo entre el 5% y el 7% de los casos suelen presentar síntomas de mayor severidad», como lo que le ocurrió a Pamela.
«Lo que se puede observar en casos más graves son signos de necrosis, una mancha negra en la piel que orienta a que hay tejido muerto. En este caso, debió ser intervenida por una fascitis infecciosa, que es una complicación muy poco frecuente. Ocurre cuando el veneno de la araña rincón genera una reacción inflamatoria local, que permite que las bacterias que tenemos en nuestra piel, y particularmente la llamada bacteria asesina, el estreptococo pyogenes, pueda ingresar a través de esta barrera inflamada de la picadura, y por lo tanto colonizar e infectar la picadura», añade el académico, especialista en medicina interna e intensiva.
«Esto no es habitual, y responde a agentes propios que tienen las personas, no a un vector que sea inoculado propiamente tal por la picadura de la araña», aclara.


