Piñerazo

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El candidato de RN asumirá el próximo 11 de marzo, después de 20 años de gobierno de la Concertación.

 «Primera vez que me encuentro con esto acá», dijo María Elena Zúñiga, quien estaba a cargo de la guardarropía del segundo piso del Crowne Plaza. Nunca había visto tantas personas en el hotel. Tantas personas abrazándose, felicitándose y palmoteándose los hombros y las espaldas. En los colgadores que custodiaba, casi todas las chaquetas eran azules con botones dorados. «Hay de gente importante», explicó.

La gente se entusiasmaba con cualquier cifra que veía en las pantallas gigantes del gran salón y cuando el subsecretario Rosende leyó el primer cómputo los apasionados invitados casi les hicieron un montoncito a los hijos de Piñera. Surgió de la nada una botella de champaña y desapareció rápidamente, porque ellos la rechazaron. «Hay gente que se sobreaviva. Hay que tomarse estas cosas con más templanza», decía Sebastián hijo. Quería esperar el pitazo final para entregarse a la celebración.

Al final sería un partido sin alargue, una elección en horario de oficina.

«Estoy esperando la embajada en El Líbano», proclamaba Juan Cristóbal Foxley. «Ministro, ministro», le gritaba una mujer a Felipe Morandé, actual decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile.

Eduardo Frei reconoció rápidamente la derrota y llegó al Crowne Plaza, con su mujer y con sus hijas, para ungir a su contendor. Ambos vestían igual y sonrieron casi igual.

«Llámenlo, no más. Tiene que bajar el hombre», pedía Kike Morandé en el escenario a la entrada del hotel y la enardecida multitud obedeció: «Piñera, Piñera». Juan Carlos Duque, el mismo de «mi casa está triste, la gente se ha ido», cantaba la Canción Nacional con el «Negro» Piñera.

Había llegado el momento. El Presidente electo subía la escalera del escenario. La ovación fue un estruendo. La estrella de colores de su solapa, símbolo de su campaña, la había cambiado por una bandera chilena.

«Arriba los corazones», dijo Piñera de entrada», junto con su mujer y con sus hijos. Llamó a la unidad, habló del Bicentenario, agradeció a Frei y lo llamó senador. «Voy a gobernar para todos los chilenos», gritó empuñando su mano derecha.

A los pies del escenario, un hombre de pelo largo, tipo vikingo, tenía su mano en la llave deun tanque de dioxido de carbono y a su lado, un colega, con una polera de Ronaldo, abrazaba un gran tubo negro.

Piñera también citó una frase del «balance político», que el poeta Vicente Huidobro escribió en 1925: «Necesito un alma y un ariete. Un ariete para destruir y un alma para construir».

El vikingo accionó el tanque de oxígeno y por el tubo del Ronaldo surgieron los papeles picados.


222.742 personas hicieron la diferencia a favor de Piñera

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