Militares ecuatorianos allanaron penal plagado de integrantes de bandas criminales
El hallazgo incluyó también celdas con camas de dos plazas, ropa de marca, esculturas, entre otros.
Periódicamente se venían haciendo allanamientos en las cárceles de Ecuador, antes de la sublevación de los reos de diversos penales del país. Por ejemplo, el 30 de agosto pasado, en el Centro de Privación de Libertad de Cotopaxi, con capacidad para 120 reos, se efectuó un copamiento militar y policial, requisándose: armas, teléfonos y droga.
Sin embargo, ahora nuevamente se produjo un allanamiento a la misma cárcel de Cotopaxi, al sur de Ecuador, y, sorprendentemente, se hallaron cosas insólitas. Esta vez la entrada al penal estuvo encabezada por militares que encontraron lo siguiente: camas de dos plazas en las celdas, bellas luces empotradas, ropa de marcas caras, una piscina grande, una discoteca con luces Led, licores para paladares refinados, comenzando con diversas botellas de whisky, además de un área de descanso y diversas drogas. Había también esculturas grandes de animales, muchos relojes caros, celulares variados. Con la acción militar se eliminaron los privilegios de que gozaban dentro los líderes de bandas delictuales.
Según algunas declaraciones de los propios reos, los no privilegiados tenían que pagar para dormir, para acceder al baño, y para alimentarse diariamente: pueden llegar a pagar 10 dólares semanales por la posibilidad de realizar llamadas, y hasta US$3.000 dólares por la compra de un celular, según la agencia AFP. Ahora se ordenaron las cosas. Un militar explicó en cámara (en un video) que desde ahora solo se brindarán servicios de peluquería y policlínico.
En una grabación de audio, divulgada por un canal de televisión, un interno, protegida su identidad distorsionando su voz, reveló: «La verdad, no comíamos todos. A nosotros sólo nos hacían una supuesta sopa que era más agua con unos huesos. Los embutidos, los atunes, eran para los comandantes».
En una grabación de audio, divulgada por un canal de televisión, un interno, protegida su identidad distorsionando su voz, reveló: «La verdad, no comíamos todos. A nosotros sólo nos hacían una supuesta sopa que era más agua con unos huesos. Los embutidos, los atunes, eran para los comandantes».


