Religiosas del Monasterio de la Visitación, en Ñuñoa, se van de la ciudad
Ofrecen sus muebles y regalos de benefactores al convento. Hay sillas, mesas, un piano de cola y hasta una silla de dentista. Los precios van desde $5.000.
Las seis hermanas que viven en el Monasterio de la Visitación, en Ñuñoa, están de mudanza. Tras verse rodeadas por edificios y calles de alto tráfico, la paz que necesitaban para llevar una vida de claustro ya no existe y encontraron un lugar en Llanquihue.
Para financiar la construcción de su nueva residencia, harán una venta de garaje este sábado 7 y domingo 8 de marzo en su actual dirección, el Santuario del Sagrado Corazón en calle Crescente Errázuriz, Ñuñoa. Pondrán todo el mobiliario y los objetos que han acumulado durante décadas, más de 300 bártulos que han recibido como donación, regalo personal o que las mismas hermanas llevaron para su uso.
«Nos vamos porque la ciudad ya nos absorbió. Antes el monasterio quedaba en las afueras, era un centro de peregrinación y la gente venía desde el centro de Santiago. Pero ahora estamos en la ciudad misma, rodeadas de al menos nueve edificios, desde donde se ve todo el convento. Ya no podemos abrir las ventanas de nuestras celdas, que son las habitaciones. Tampoco podemos circular libremente por la huerta porque nos graban con los celulares. Hasta nos han mirado con binoculares», cuenta la hermana María Lucía (42 años), quien reside hace diez años en el monasterio y es la asistente de la secretaria.
«Hay mucho ruido por avenida Grecia, escuchamos cuando hay protestas y los recitales del Estadio Nacional», acota.
¿Se les hace incómoda la vida ahí?
«Sí, súper incómoda. Hoy la gente graba todo y nosotras llamamos la atención porque ocupamos hábito. Los departamentos que nos rodean son la mayoría de arriendo, entonces, hay una población flotante en constante movimiento. A cada persona nueva que llega le llama la atención la extensión del terreno y ver a unas monjas circulando. Nos vamos a una zona rural para tener una vida monástica como corresponde».
Mesas, sillas, camas de fierro, maletas de cuero, muebles de cocina, despensa, un clóset, chiches tecnológicos y musicales antiguos son parte de la venta de bodega.
¿De dónde son las cosas que tienen a la venta?
«Hay de todo. Hay hermanas que trajeron su mobiliario cuando entraron, otras son de familias que nos donaron sus cosas, algunas para que las resguardáramos o que se reciben para no ofender al bienhechor. Obviamente no le vamos a decir a uno de ellos que no queríamos su sillón estilo Luis XV. Lo guardábamos y si en algún momento alguien lo requería, lo regalábamos. Así, muchas cosas se fueron acumulando».
«Hay muebles y objetos que muestran el Chile austero del siglo pasado, cuando se usaban materiales nobles, existían los oficios y la buena factura, tanto es así que se pueden usar o restaurar», cuenta Jaime Navarrete, cofundador del estudio Las Siete vidas del Mueble y especialista en antigüedades, quien está a cargo de la venta.
«Hay sillas de campo con un tejido fino de junco muy bien hecho, enlozados de cocina, muebles de maderas nobles como lingue, roble americano, pino Oregón, mañío», añade.
Los precios parten en $5.000, precio que tienen algunas maletas antiguas de cuero o lona.
«Hay sillas de junco de campo desde $25.000. Hay enlozados, mesas de campo y muchos cachureos muy entretenidos», describe.
Un piano de cola alemán de la marca Schiedmayer del siglo XIX destaca en el patio donde se acomodaron los enseres.
«Es una verdadera joya. Necesita restauración y afinación, pero puede alcanzar un precio cercano a los $20.000.000. Acá se vende por $4.500.000», añade Navarrete.
La hermana María Lucía cuenta que nunca lo tocaron porque no es adecuado para la vida monástica. Ellas usan un órgano.
También hay una silla de dentista hidráulica Wilkerson Chair, de origen estadounidense, fechada en 1877. Tiene número de serie y asiento de cuero, las religiosas la usaron hasta mediados de los 60.
«Es una pieza única, de colección, de época, que tiene incluso todos los elementos odontológicos para realizar las intervenciones que las monjas hubiesen necesitado. Ellas tenían esta silla porque no podían salir, tenían una sala para recibir al dentista», destaca Navarrete.
Hay más imágenes de los objetos disponibles en la sección Galerías de Fotos de lun.com y en la cuenta de Instagram @lassietevidasdelmueble. Se puede asistir entre 10:00 y 18:00 en Crescente Errázuriz 569, Ñuñoa.


