Fue interrogado por más de cinco horas por el presidente del tribunal de Vesoul
Chileno aseguró que la noche de la desaparición de Narumi tuvieron un encuentro íntimo y después se retiró dejándola con vida. Este martes continúa su declaración.
«He esperado mucho por este momento, a pesar de la presión, de que son acusaciones horribles por algo que no hice. Pasé días enteros leyendo el testimonio de todos. Llegó el momento, estoy listo para responder las preguntas y, sobre todo, ya no tengo miedo de responderlas».
Así partió este lunes Nicolás Zepeda su extensa declaración en el décimo día del juicio en su contra por el crimen de Narumi Kurosaki.
La tercera semana del proceso -que entró en su recta final- partió en el Tribunal de Apelación de Vesoul con el frustrado intento de la defensa de aplazar la causa. Luego, se leyó la declaración del primo de Zepeda sobre la visita que este le hizo a Barcelona antes de viajar a Chile en diciembre de 2016. Al primo le llamó la atención que hablara de la japonesa en pasado y le consultara por muertes violentas. «No creo haber dicho estas cosas ni haber hecho estas preguntas. Hago muchas preguntas, a veces estúpidas. Tengo curiosidad», le dijo Zepeda al magistrado presidente, François Arnaud, único interrogador en una audiencia que se extendió por más de cinco horas.
El chileno se refirió a su quiebre con Narumi en octubre del 2016. «Ocurrió en diferentes fases. Teníamos cierta distancia geográfica. Me hubiera gustado que las cosas fueran mejor y que no tuviéramos discusiones a veces estúpidas, adolescentes. Ambos éramos celosos», dijo según consignó el medio «France 3 Régions».
El video
También habló del video enviado a Narumi en que utiliza un tono amenazante. «Estaba hablando en cierto modo para mí mismo, como en un diario. Es un espejo para decirme ¡qué tonto eres! ¡mira dónde estás!».
Contó que ya en Chile, tras intercambiar mails en que se abría una puerta a una reconciliación, decidió ir a Europa. «En un correo Narumi me dice que sus sentimientos no han cambiado. Al llegar tomé la carretera de Besançon y me fui al campus donde se hospedaba. La vi casi frente a mí, en la parada del autobús, obviamente ella no me vio y me digo: no va a ser tan complicado», dijo sobre esa vez.
No admitió haberla espiado durante los días en que estacionaba y caminaba cerca de la residencia universitaria, como es la hipótesis de la fiscalía.
Las dudas del magistrado se centraron en su ida a un supermercado para adquirir productos sospechosos. «¿Por qué compró una lata de producto inflamable, fósforos y detergente, en Dijon, antes de tomar la carretera hacia Besançon?, lo inquirió el juez. «Quería evitar quedarme sin combustible en el auto. ¿Los fósforos? Voy a la iglesia, así que compro esto para las velas. El detergente fue para devolver limpio el vehículo de alquiler», dijo sobre el mismo automóvil que otra persona rentó desaseado después del chileno, según la carpeta investigativa.
Zepeda reveló cómo se acercó a la estudiante para el reencuentro. «A veces nos llamábamos mezclando nuestros nombres: Narulas y Nicomi. Tomé un bolígrafo y escribí en una hoja Nicomi en fonética japonesa. La puse en el parabrisas trasero del auto y esperé frente a su ventana; después de una hora alguien vino y era ella. Tomó la nota y la vi llorando por el espejo retrovisor. Cuando salí del auto me dijo: pensé que no te iba a ver más. Subió al auto, vi que estaba feliz», relató el medio «L Est Republicain».
Zepeda añadió que el 4 de diciembre, tras cenar juntos en un restaurante de Ornans, ella lo invitó a la habitación 106, primer piso de la residencia Rousseau. Enfatizó que Narumi no reveló su relación con Arthur Del Piccolo «Nos duchamos, estábamos cansados. La veía mucho en su celular. Nos quedamos en la cama, nos abrazamos, nos dijimos cosas. Tengo la sensación de volver a nuestras costumbres de cuando vivíamos juntos en Japón».
¿Y los gritos de horror, de dolor, de angustia, escuchados por una decena de vecinos alrededor de las 3:20 de la madrugada?, le consultó Arnaud. «No escuchamos nada. Los dos dormimos bien», respondió Zepeda, que dijo que los gritos pudieron ser por el sexo intenso que mantuvieron. Manifestó que al día siguiente «ella tenía sus deberes, sus asuntos y se quedó en su escritorio. Yo estoy en la cama, con mi tablet y mis libros».
El chileno aseguró que la madrugada del día 6 se retiró. «Ella sabía que no me iba a quedar en Francia, que tenía que regresar a Chile. El hecho de que iba a terminar pronto la molestó un poco y por eso empezó a ponerse tensa. Me dijo: Te vas a ir de todos modos? fue entonces que sentí que tenía que irme. Aunque yo no quería irme y ella no quería que me fuera, tomé mis cosas y me fui y no volví a contactarla».
El juez le consultó por qué el vehículo lo sitúa en una zona boscosa. «Me perdí un poco al salir de la carretera principal y busqué puntos de referencia», contestó.
El tren
En su relato, por primera vez Nicolás Zepeda reconoció que compró un boleto de tren a Lyon con la cuenta de Narumi, transporte al que nunca subió. «Es una compra que me pidió que hiciera el día anterior. Ella me dio los códigos de su tarjeta bancaria un día». ¿Por qué no dijiste eso antes?», le preguntó el magistrado. «Sabía que esto iba a ser usado para acusarme de algo que no hice», respondió Zepeda.
Este martes se reanuda el interrogatorio al acusado por parte de los otros intervinientes en la causa.


