Este negocio mueve masas: Permite que todo sea mucho más rápido, destaca ejecutivo
El código permite organizar mejor los ingresos de miles de personas de una manera más rápida y ordenada.
Hubo un tiempo, no hace mucho, cuando conseguir una entrada para un evento era toda una aventura. Había que madrugar, hacer fila en la boletería, aguantar el frío o el sol según la temporada, y rezar para que quedaran entradas al llegar a la ventanilla. El papel que salía impreso del otro lado era mucho más que un comprobante: era un trofeo. Mucha gente los guardó por décadas.
El cambio llegó con internet. Ticketmaster, fundada en 1976, lanzó su primer sitio web en 1995 y concretó su primera transacción digital de boletos en 1996. Fue el inicio de una transformación que no se detendría más.
Y el código QR, que muchos conocían sólo en algunos envases de productos, se convirtió en el nuevo boleto universal. El mercado global de ticketing online alcanzó los 85 mil millones de dólares en 2025 y se proyecta que supere los 102 mil millones hacia 2030. El 72% de los consumidores prefiere comprar sus entradas desde el teléfono, lo que hace apenas quince años era impensable.
Actualmente la tecnología también ayuda a organizar por dónde entra el público, a qué sector puede acceder y cuánto demora el proceso. «Por mucho que la venta del ticket sea digital, rápida y fluida, cuando uno llega al evento y el ingreso es engorroso la experiencia cambia completamente. El acceso es la primera imagen que el público tiene del evento», destaca Freddy Artigas, ejecutivo comercial de Alfacom, empresa local del rubro.
El cambio parte mucho antes de que se abran las puertas. Los sistemas actuales permiten realizar pre-registros, segmentar asistentes, asignar distintos niveles de acceso y anticipar la demanda. Así, un organizador puede saber cuántas personas espera, distribuir mejor al personal y preparar los puntos de entrada. Esto puede parecer un detalle operativo, pero en eventos masivos marca una diferencia enorme. No es lo mismo recibir 500 personas en una hora que 5.000 en 20 minutos.
«Si esperamos mil asistentes y tenemos 60 minutos para acreditarlos, hay que calcular cuántos puntos de atención necesitamos. Puede ser una persona, un computador, un tótem de autoatención o un torniquete. La tecnología que se utilice depende de las características del evento», señala Artigas.
El QR se convirtió, en este escenario, en una pieza fundamental. Es rápido, fácil de distribuir y permite validar la entrada desde un teléfono. «Es hoy la herramienta que más se utiliza para gestionar los accesos. Antes se usaba el código de barras, pero actualmente el QR permite que todo el proceso sea mucho más rápido», explica.
Uno de los principales problemas puede aparecer justo cuando todo parece digitalizado. «Aunque tengas el QR en el teléfono, muchas veces igual se genera una fila porque la persona llega y empieza a buscar el correo, no encuentra la entrada o descubre que se la enviaron a otra dirección», describe Artigas. Por eso, digitalizar no consiste sólo en reemplazar el papel por una pantalla. El desafío es diseñar todo el recorrido: registro, emisión de credenciales, validación, control de acceso y reportes deben conversar entre sí.
La tecnología permite, además, que los organizadores conozcan cuántas personas han ingresado, qué sectores concentran mayor flujo y dónde aparece un cuello de botella. En vez de esperar a que termine el evento para descubrir qué funcionó mal, pueden reaccionar durante la operación.
También está cambiando la cantidad de personas necesarias para realizar la acreditación. En un congreso tradicional, por ejemplo, podían existir largas filas frente a numerosos computadores e impresoras. «En los congresos hemos llegado a tener 20 personas con 20 computadores y 20 impresoras esperando a los asistentes. Hoy ese mismo proceso puede hacerse con tótems de autoatención, tablets o computadores», comenta Artigas.
Eso no significa que las personas desaparezcan: la idea es que la tecnología se haga cargo de las tareas repetitivas para que los equipos humanos puedan concentrarse en resolver problemas, orientar a los asistentes y atender situaciones especiales.
El acceso a los recintos también comienza a incorporar nuevas tecnologías de identificación. El carnet de identidad, por ejemplo, integra códigos QR y NFC, lo que abre la posibilidad de utilizarlo como mecanismo de validación.
Hay una razón adicional para avanzar en esta dirección: la seguridad. «La tecnología apunta a que quien compró el ticket sea efectivamente quien ingresa. Hay muchas falsificaciones, por lo que la validación de identidad y del acceso se vuelve cada vez más importante», explica Artigas.


