El verdadero aprendizaje llega cuando estás frente a un cliente que puede apostar millones
Para formarse, diferentes casinos chilenos gestionan sus propias academias.
Aunque estudió Educación Física y alcanzó a egresar, Pablo Castro pronto sintió que su carrera no le entusiasmaba. La rutina le parecía monótona, pero todo dio un giro cuando se topó con un aviso para postular a ser croupier. «Me llamó la atención porque era un trabajo entretenido», recuerda. Esa oportunidad terminó marcando el rumbo de su vida: dejó atrás la docencia y se adentró en el mundo de los casinos.
Su primera experiencia fue en la academia de croupiers: el curso entonces duraba tres meses completos. «Hoy son más cortitos, de un mes o dos, y enseñan solo un par de juegos. En mi caso fueron tres meses largos y tuve la fortuna de aprender todos: blackjack, ruleta, craps y póker», detalla. Esa formación intensiva le permitió enfrentarse a distintos escenarios desde el comienzo. «Lo básico se enseña en el curso, pero la realidad es que uno aprende de verdad en la mesa. El verdadero aprendizaje llega cuando estás frente a un cliente que puede apostar uno o dos millones en un solo pase».
En eso se le fueron 15 años. «Era de los croupiers más viejos y fui advirtiendo que ya no me llamaba tanto la atención. Lo que sí me gustaba era que podía tener una muy buena relación con los clientes, mucha cercanía, conversaban conmigo».
Con eso en mente decidió emprender: junto a un amigo creó un casino itinerante para eventos corporativos y activaciones de marca, llamado «Fantasía en Las Vegas» (fantasiaenlasvegas.cl). «La idea es simple: mostrar que se podía vivir la adrenalina del casino sin necesidad de dinero. Queríamos darle valor al regalo corporativo poniéndolo en juego dentro de una mesa», define.
¿Qué tan importante es interpretar las emociones en una mesa de apuestas?
«La mayor parte se aprende en la cancha y en el puesto de trabajo. Uno aprende lo básico para dar un juego, pero con el tiempo va adquiriendo otra habilidad: interpretar las emociones de los clientes. Sin eso es muy difícil llevar el orden de la mesa, entender que vienen a pasarlo bien pero que también se pueden enojar. Cuando uno ya puede leer las emociones se vuelve todo muy sencillo, porque lo mecánico ya está dominado».
¿Qué pesa más en este oficio: la técnica de las matemáticas o las habilidades blandas?
«En un principio, la habilidad con las cartas, porque para progresar no puedes mandarte embarradas con los pagos. Pero ya cuando dominas eso, sí o sí tienen que entrar las habilidades blandas. Yo llegué a ver manos de tres millones por casillero, y si habían siete casilleros eran 21 millones de pesos jugados simultáneamente. En ese contexto es más importante saber manejar la euforia del cliente que el propio pago».
Academias de juego
Eliana Guaiquil, jefa corporativa de desarrollo organizacional de Monticello, explica que con la formación de croupiers ocurre algo similar a los tripulantes de cabina de las aerolíneas: la capacitación no parte en instituciones externas, sino dentro de cada empresa cuando detecta necesidades de personal.
En el caso de Monticello, se deben pasar por dos filtros antes de ingresar a la academia: uno sicolaboral, enfocado en actitudes, valores y orientación al servicio; otro de habilidades matemáticas, fundamentales para operar en las mesas de juego. «El perfil que buscamos combina razonamiento lógico y habilidades blandas», define. «Para quedar, hay que tener buenas habilidades matemáticas y excelente disposición de atención a clientes; debe haber un balance entre ser extrovertido y tener desarrollada la parte analítica y de memoria para no equivocarse y pagar de más».
Solo quienes superan ambas etapas acceden a un programa intensivo de dos meses, donde se enseñan juegos base como blackjack y ruleta, manejo técnico de fichas, razonamiento numérico y cultura de atención al cliente. Una vez egresados, los croupiers se integran a las salas de juego y pueden acceder a clínicas durante el año para perfeccionar técnicas y sumar especialidades, como póker, dados o variantes de ruleta. La tasa de aprobación dentro de la academia bordea el 80%, pero la tasa de ingreso es mucho menor: de más de 100 postulantes, solo entre 15 y 20 son seleccionados por convocatoria.
Una vez egresados, asegura Guaiquil, la proyección laboral es amplia: «Tenemos muchos croupiers que se van a trabajar a resorts y cruceros, se van moviendo entre las distintas líneas de casinos del país o se van al extranjero». Un factor decisivo, subraya la ejecutiva, está en la disposición para trabajar cuando todos los demás se están divirtiendo: los turnos suelen concentrarse en fines de semana, festivos y horarios nocturnos. Aun así, asegura que es un oficio poco rutinario y con posibilidades de crecimiento.
¿Convocatorias? Se van abriendo a lo largo del año, por lo que conviene revisar las redes sociales de los diferentes casinos.


