Belén Von Martens y su marido viven en uno de los condados con mejor calidad de vida de Estados Unidos
El sector es muy seguro y tiene buenos colegios para sus niñas. Lo único malo es que es un poco aburrido, dice ella sobre Fairfax.
La profesora de historia Belén von Martens (37) lleva seis años en Estados Unidos junto a su marido, el ingeniero civil eléctrico Patrick Quintanilla (36). Ambos son de Santiago y dejaron Chile cuando él se anotó en un MBA en Boston. Ella lo acompañó en ese proceso y una vez concluido el programa, evaluaron la posibilidad de quedarse para consolidar una carrera profesional en territorio estadounidense.
«Nos encantaba Boston, pero hacía mucho frío y el valor de la vivienda era tremendamente caro. Pagábamos US$4.000 por un departamento de dos dormitorios y un baño. Además, era todo muy antiguo. De todas maneras, es una de las ciudades más lindas de Estados Unidos», recuerda Von Martens.
El puesto de su marido en una importante compañía del rubro energético les daba margen para decidir con mayor libertad dónde vivir, ya que su trabajo es remoto. Miami aparecía como una alternativa atractiva, sobre todo por la fuerte presencia latina y un estilo de vida que sentían más cercano, pero eligieron Washington DC, por las oficinas de la empresa, ubicadas a pasos de la Casa Blanca y a las que Quintanilla asiste dos veces por semana.
Otra vez el elevado costo de los arriendos los llevó a mirar otras localidades.
La próxima parada fue Ashburn, en el estado de Virginia. Ahí arrendaron una townhouse por US$3.500 mensuales.
«Vivir en los suburbios hace que uno pueda acceder a una casa más grande por el mismo precio que una en el centro. Las casas en el centro de DC son mucho más pequeñas y antiguas», explica.
Calidad de vida
Con el paso del tiempo, la idea de comprar una vivienda tomó fuerza. Querían una casa para vivir, pero también como una inversión a largo plazo. Después de recorrer distintos sectores, se instalaron en Chantilly, en el condado de Fairfax, también en Virginia. Desde ahí, Patrick demora entre 40 y 45 minutos en llegar a su oficina.
«De todas las zonas que vimos, la que más nos convenció fue Fairfax porque es una de las mejores áreas para vivir en Estados Unidos», asegura Belén.
La percepción de la pareja coincide con distintos indicadores de calidad de vida. El Índice de Habitabilidad elaborado por AARP -que recopila información de más de 50 fuentes, entre ellas la Oficina del Censo de Estados Unidos, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano y el Centro Nacional de Derecho del Consumidor- situó a Fairfax entre los condados con mejores estándares del país. En esa medición, la zona obtuvo el noveno lugar a nivel nacional, con altas calificaciones en prevención, acceso y calidad de la salud.
A eso se suman otros factores como la calidad de las viviendas, las características de los barrios, el transporte, el entorno medioambiental, las oportunidades de desarrollo y el nivel de integración comunitaria.
¿Qué le gusta de la zona?
«La calidad de vida es excelente. Aquí están algunos de los mejores colegios y, como tenemos tres hijas, eso era primordial para nosotros. Además, es un sector con muchos parques y áreas comunes».
¿Es segura?
«El norte de Virginia es un área muy segura. Es una zona muy buena, ideal para que los niños crezcan porque todo es muy tranquilo. Robos o tiroteos prácticamente no se ven. Es otro mundo. Los paquetes de Amazon quedan afuera de las casas y nadie se los roba. Incluso en verano a veces dejo el auto encendido por el calor y no pasa nada. Vivimos con mucha tranquilidad».
¿Cómo es la gente?
«Muy amable. Cuando llegamos a nuestra nueva casa, los vecinos nos llevaron tartas, flores, chocolates y regalos, igual que en las películas. Son cosas que en Chile no se ven tanto».
¿Mantienen buena relación con ellos?
«Sí, siempre tienen gestos de ese estilo. Para Navidad también varios vecinos nos dieron regalos pequeños, así que nosotros entramos en la misma dinámica. Se genera una relación muy cercana».
¿Qué es lo que menos le gusta?
«El único problema de vivir acá es que tienes que usar auto para todo. En Boston nos movíamos más en transporte público. Acá dependemos completamente del auto y eso a veces cansa. Además, encuentro que es un poco aburrido, le falta el aura de ciudad que tiene Santiago».
Compraron la casa de 331 metros cuadrados en mayo del año pasado por US$950.000. Para concretar la operación solicitaron un crédito hipotecario y, gracias a los ahorros acumulados por ambos, pagaron un pie cercano a los US$200.000. El financiamiento quedó pactado a 30 años, con una tasa de interés anual de 5,8%.
«Es de dos pisos y tiene un sótano. Son seis habitaciones, una oficina y cuenta con cuatro baños. Es una casa bien grande», comenta la propietaria.
Apenas vieron el inmueble de Chantilly sintieron que era el indicado. El dueño puso una sola condición para concretar la venta: quería quedarse dos meses más después de firmar el acuerdo. La pareja aceptó, convencida de que era la mejor forma de asegurar la compra.
«La compramos al mismo precio que la ofrecían», cuenta.


