Sebastián Pérez-Canto asegura que las ventas han subido casi un 50%
Explica que en un ambiente en el que todo es digital la gente agradece un lenguaje más cercano, escrito a mano.
Al publicista Sebastián Pérez- Canto Orellana le precede una larga carrera. Tuvo una agencia de comunicaciones; fue brand manager en Movistar Chile, y profesor universitario en la Finis Terrae por casi diez años. Desde hace tres años su carrera dio un vuelco definitivo y decidió dedicarse a armar los cursos de pizzas Pi Pay en el Edificio Gibraltar, en Eliodoro Yáñez, en pleno Providencia, que han recibido a cerca de 3.000 personas.
‘Partimos haciendo catering para eventos privados, luego las clases y hemos llegado a hacer 500 pizzas en una sola noche, en menos de tres horas'. Hace menos de un mes decidió instalar un carrito de pizzas gourmet, de 22 a 30 centímetros, con ingredientes como queso stracciatella, polvo de callampas o aceite de trufa blanca, con precios que van desde los $6.990 a los $10.990.
‘Es que me di cuenta que lo paso muy bien haciendo esto, me encanta comer, lo paso muy bien conversando con los clientes'. A todo esto, el local, al igual que sus cursos, se llaman Pi Pay Pizzas. Mientras pensaba cómo publicitar su emprendimiento, recordó la campaña de una marca española llamada Vicio, en la que se escribían cartas en espacios públicos promoviendo el local. Lápiz y papel en mano escribió varias a mano y las fue dejando en Providencia.
‘Ellos le llaman ascensoreo, y tenía ese sentido de con las cartas que se escriben a mano, intervenir las conversaciones de los vecinos para invitar a su local de Madrid. Junto a mi señora se nos ocurrió darle un sentido irónico, para que no fuera tan obvio, y pensando en que los vecinos del barrio son en su mayoría mayores de 40, pensamos que iba a ser más fácil llegar a ellos que en una app o red social'. Fue una manera de hacer campaña sin un gran presupuesto, sino que con ‘buenas ideas, escritura y pasarlo bien'.
Explica que ‘comenzar en este tipo de negocios no es barato, sobre todo si quieres hacer todo en regla'. En la semana y algo que lleva con las cartas, los resultados han sido positivos. ‘Hemos subido en torno al 40% – 50%. El ticket va al alza todos los días, tenemos una gran tasa de recomendación, una base de clientes fidelizados y eso nos tiene muy contentos'.
Usted escribía en Linkedin que hay gente que está sacando las cartas ¿cómo se ha dado cuenta de eso?
‘Hay un par de cuadras donde instalamos las cartas y las rompen. Yo vivo muy cerca del local, por lo que paso todos los días por Eliodoro Yáñez, y carta que pegamos en esa calle, carta que rompen. Las reponemos y las vuelven a sacar. Todas las demás llevan más de diez días y nadie las saca. O es alguien de algún local cercano o simplemente le falta un poco de humor'.
Se armó un debate en su Linkedin respecto a poner estas cartas en espacios públicos.
‘Hay personas que lo encuentran incorrecto, por el sentido que va en contra de preservar la limpieza de la ciudad, pero nosotros vimos la oportunidad en que estamos en un contexto de barrio, dónde los locales permiten instalar aún este tipo de cartas o avisos y los vecinos las leen, además de que es papel y es reciclable. No estamos usando plásticos ni nada parecido. Y en un contexto donde todo es digital, mirando pantallas, le da un toque romántico que al 99.9% de las 53.000 personas que han visto la publicación, le ha gustado'.
Para mucha gente comprar comida en un carrito en Chile es más bien sinónimo de algo a la rápida y de no muy buena calidad, ¿Por qué acá eso es diferente?
‘Es un nuevo concepto que se está introduciendo de a poco, en otros países es mucho más común y es un mercado que tiene años de antigüedad, especialmente en Canadá, USA y Europa. Muchos food truck tienen además el espacio copado de cosas, nosotros tenemos la separación de espacios como en un restaurante, con distancia entre los muebles de un metro, y al tener separada la producción, obtuvimos la resolución sanitaria en tiempo récord. Contamos en total con tres resoluciones sanitarias, dos para la cocina y otra para el local'.
¿Cree que hay prejuicios aún ante los carritos de comida?
‘Sí, pero depende de muchos factores: limpieza, ubicación, procesos, el trato con los clientes. A nosotros al menos no nos miran en menos, sino como una gran alternativa para un barrio que no tiene muchas opciones. Acá hay muchos clientes que toman decisiones importantes en todo tipo de empresas, que están dispuestos a pagar por mejores productos, que son más exigentes y por lo tanto no te perdonan el más mínimo error'.


