Sicóloga Daniela Ruiz practica este movimiento hace seis años y acaba de escribir un libro sobre el tema
Cuando estudiaba en la universidad comenzó a atraerle la exploración del erotismo.
Ruiz cuenta que se acercó al intercambio de parejas cuando ella y su marido se sentían más, emocionalmente, estables en su relación. En ese momento estaban explorando juntos sus fantasías. Una noche, él le propuso visitar un club en Santiago. «Era una noche muy fría de invierno, pero que luego terminó convirtiéndose en una de las más calientes de mi vida». La experiencia los transformó; todos en ese lugar hicieron que se sintieran especiales como pareja debutante. «Luego llegamos a casa e hicimos el amor como nunca. Y nos dimos cuenta de que eso podía ser como un factor que nos pudiera permitir disfrutar más allá de la cotidianidad».
Vino la pandemia, los locales cerraron. Estuvo años sin asistir a otro club swinger en Santiago y, cuando volvió, no fue lo mismo. «Había mucha gente mirando, pero no estaban disfrutando, sino que juzgando». Esa noche solo bailó. «Es que en los clubes también existen diferentes dinámicas. Puedes ir a un club swinger sin tener que compartir pareja o hacer un trío. Puedes ir perfectamente a bailar, a sentirte segura, con un outfit que no te pondrías en cualquier otro lugar».
Tras esa decepcionante experiencia en Santiago, Daniela decidió expandir sus horizontes y buscar clubes en el extranjero, donde las dinámicas fueran más abiertas y enriquecedoras. Fue en Brasil, específicamente en el «Inner Club», de Sao Paulo, donde encontró un espacio que redefinió por completo su percepción de este estilo de vida. «El ambiente era increíble, las personas sabían exactamente cómo funcionaba todo. Es un lugar tan bueno que puedes entrar de noche y, sin darte cuenta, amanece». Más tarde, en Italia, visitó «La Mansión del Amor», un concepto totalmente distinto, casi como un spa para adultos, donde hidromasajes, buffets abiertos y espacios íntimos creaban una atmósfera de relajación y conexión. «Es perfecto para quienes buscan una experiencia más tranquila, pero igualmente especial».
Me llama la atención que en su libro diga «no perderse» en el intento. ¿Por qué?
«Muchas personas en sus relaciones intentan, como un acto desesperado, encontrar en un tercero lo que sienten que perdieron y que ya no está. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Que no solo te pierdes en ese camino a ti como individuo, como persona, y muchas veces terminas haciendo cosas que no te gustan, con las que no estás cómodo, conforme, o que no están en concordancia con tus valores, sino que terminas por poner en riesgo lo que inicialmente era lo más importante, que es la relación».
Sobre el consentimiento, ¿cómo opera en el mundo swinger?
«Tiene que ser altamente explícito. No se deja nada a la imaginación, no se asume nada y nada es implícito. ‘Es que yo pensaba, es que yo creía, es que tú me diste una señal'. Las señales no existen. Es un sí o es un no. Es un vamos o no vamos. Vamos por un trago o vamos para que pase algo más. Funciona así. Y, además todas las personas involucradas tienen que estar de acuerdo. Entonces, cada quien, cada pareja, cada persona, sea tercero, o como funcione, cada uno tiene sus acuerdos, cada uno tiene sus reglas y las va a hacer saber».
¿A usted alguna vez le han dicho que no?
«Jajá, sí. Me han dicho que no les acomoda que vaya a estar mi esposo allí. Entonces, también creo que en nuestra cultura el hombre tiene un tema de ser muy inseguro, y las comparativas en este aspecto no son buenas. Con mi esposo tenemos nuestra dinámica sexual muy fluida, entonces, también para que exista un tercero, tiene que ser una persona que tenga una autoestima bien establecida, que se sienta seguro y que vea el placer más allá de cosas que se pueden observar a través de los ojos».
¿Necesariamente hay que ir a un club swinger en este estilo de vida?
«No son la única alternativa que existe. De hecho, en Santiago se está dando actualmente un movimiento en el que están haciendo fiestas privadas. Incluso hay unas que venden las entradas de forma súper exclusiva y otras que no tanto. Hay pool parties ahora en el verano. Hay muchas formas de relacionarse. Incluso sí hay aplicaciones que son especiales para promover todas estas dinámicas sexuales de parejas liberales o parejas no monógamas. Es como una especie de Tinder, pero para personas que buscan tener un trío, buscar un tercero, que son poliamorosos, que tienen intereses de compartir experiencias».
¿Le recomendaría a cualquier pareja ser swinger?
«No, es un tipo de relación que considero no es para todo el mundo. Al final del día, las relaciones humanas se tienen que basar en el bienestar individual y el bienestar del otro. Entonces, si vas a hacer algo que no te acomoda, que te está robando la paz, que sientes que te está haciendo perder tu integridad y tus valores, es mejor que no. Es mejor que tengas una relación monógama e incluso si en algún momento tienes una curiosidad y un deseo, puedas explorar y conversar con tu pareja y, en función de eso, ver y conocer cuáles son sus límites y en base a eso ver hasta dónde pueden llegar».


