Desde Jerusalén, la basquetbolista chilena Ziomara Morrison relata sus horas más difciles por el conflicto entre Israel e Irán
Están haciendo todo lo posible para sacarme del país, dice la seleccionada nacional.
El club Hapoel Lev Jerusalem anunció este domingo la cancelación, hasta nuevo aviso, de todas las actividades de sus equipos de basquetbol, masculino y femenino. Y entre las medidas de seguridad adoptó, por protocolo, una drástica decisión: «Estamos trabajando junto con el director de la liga para sacar a los jugadores extranjeros de Israel de forma segura y rápida». En ese grupo de máxima preocupación figura la seleccionada chilena Ziomara Morrison (37), que se unió a las filas del equipo israelita en septiembre pasado.
El conflicto bélico ha golpeado duramente sus actividades diarias en Jerusalén, desde donde relata las difíciles horas que enfrenta a raíz de la escalada entre Israel e Irán en Medio Oriente.
¿Cómo ha vivido estos últimos días de guerra, Ziomara?
«Justo me pillaste haciendo maletas, he estado todo el día en eso. Estoy tratando de dejar todo listo para poder irme. La verdad, ha sido una situación súper difícil. El sábado me despertaron las primeras alarmas a las 8.30 de la mañana. La segunda alarma fue súper fuerte, uno escucha el impacto de los misiles. De hecho, desde mi ventana se siente la vibración de energía de varios de ellos. Eso es bastante aterrador. No es todo el día, pero sí es una situación difícil».
¿Se siente surrealista o no?
«Sí, me siento como si estuviera en una película. A veces pienso que no puedo creer donde estoy. Por suerte tengo herramientas sicológicas para mantenerme calmada, además del apoyo de la gente del club y mis compañeras, quienes están siempre chequeando si necesito cualquier cosa».
¿Qué tal está el ambiente en Israel?
«Bueno, es una sociedad que está acostumbrada a la guerra. Hoy salí un ratito a buscar mis zapatillas al gimnasio, que está a dos minutos de mi edificio. Veía que toda la gente hacía su vida normal como si nada, mientras yo tirito cada segundo que estoy fuera de casa».
¿Qué tienen que hacer cuando suenan las alarmas?
«Yo tengo una aplicación en el teléfono. Te suena una primera alarma, una especie de advertencia para ir al búnker o sala de seguridad. Generalmente, suena como diez o quince minutos antes. Ya después viene la otra, una sirena, donde tienes un minuto y medio para entrar a la sala de seguridad. Ahí te quedas unos diez minutos aproximadamente y luego te llega otro mensaje diciendo que ya puedes salir. En mi departamento tengo suerte, hay una sala de seguridad y también un búnker cerca. Pero hay por todos lados, todos los edificios tienen».
Morrison tiene una dilatada carrera internacional. De partida, se convirtió en la primera jugadora chilena en la WNBA durante su paso por San Antonio Satars. Y fichó hace poco en Hapoel Lev Jerusalén motivada por su deseo de conocer Israel y su cultura. Nunca pensó que la situación escalaría en apenas cuatro meses. «Si soy honesta, siempre tuve un poquito de aprensión a firmar. Me daba cosa el tema de la guerra, pero siempre conocí jugadores que estuvieron acá en Israel y me dijeron que la seguridad es extrema, que no pasa nada. Es un lugar que siempre me llamó la atención, por todos sus sitios históricos, y vi la oportunidad de poder venir con el basquetbol», cuenta.
¿Tiene alguna postura frente al conflicto?
«No, prefiero no dar opinión porque es todo bastante controversial. Sólo voy a decir que no estoy de acuerdo con ninguna guerra. Me parece loquísimo que en el 2026 sigamos matándonos los unos a los otros. Es terrible».
¿Cuál es su plan en el corto plazo?
«El club está ayudando, dando apoyo en absolutamente todo. Ellos están viendo cuáles son las mejores opciones y las más seguras en este momento. Se decidió que nos vamos a ir por tierra, pero me dijeron que no puedo dar detalles por ahora. La voy a ir documentando y una vez salga del país lo haré público. Nos vamos por tierra a un aeropuerto y de ahí iremos a otro país de Europa para salir de la zona de peligro».


