¿Qué culpa tiene Lorenzini?

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Debajo de los escombros de error, sin embargo, Lorenzini tenía un punto: el proyecto de Bachelet deja algunas dudas respecto del mecanismo probatorio del delito de violación.

Cristóbal Belliolio

Cada cierto tiempo nuestros parlamentarios sorprenden con cuñas que incendian las redes sociales, generan mares de indignación y nos permiten preguntarnos honestamente en qué estaban pensando los electores del respectivo distrito o circunscripción. Ayer fue el turno del diputado DC Pablo Lorenzini, que lleva la friolera de 17 años representando una sección de la Región del Maule.

En una entrevista en «Radio Sonar», a propósito del proyecto de aborto presentado por el gobierno, Lorenzini dijo que no estaba seguro de votar a favor de la causal que legaliza la interrupción del embarazo en caso de violación. Explicó que miles de mujeres tienen relaciones sexuales porque hombres hábiles en el arte del convencimiento, se aprovechan que ellas toman «un traguito de más» o bien están «apenadas». A continuación el honorable se pregunta si estas situaciones configurarían un escenario de violación.

Pongámonos graves un segundo. Lorenzini le está prestando ropa a una hipótesis insidiosa en, al menos, dos sentidos: primero, que la despenalización del aborto por violación abrirá la puerta al abuso de mujeres que mentirán acerca del origen de su gravidez para acogerse a la causal; segundo, que no hay manera de saber si una mujer prestó el consentimiento para el acto sexual porque el alcohol (o la pena) introduce un elemento de incertidumbre. De esta interpretación se deriva la nauseabunda idea de que la víctima es co-responsable de la violación por no haberse mantenido sobria y alerta.

La reacción no se hizo esperar, especialmente de la población femenina que barrió el piso con el legislador maulino. Sus propios camaradas le hicieron la desconocida. Tanto fue el escarnio que Lorenzini tuvo que salir a pedir disculpas a las mujeres de Chile: «fue una estupidez lo que dije», reconoció con hidalguía. «Ojalá se borre de las mentes», agregó. Ojalá NO se borre de las mentes, digo yo: debe servir para recordarnos el machismo endémico que atraviesa a la sociedad chilena y que, a veces, se transparenta en una cuña aparentemente involuntaria. Ni la forma de vestir de una mujer ni las copas que lleve en el cuerpo constituyen argumentos morales válidos en ninguna discusión en torno a su autodeterminación sexual… llega a ser vergonzoso tener que escribir esta obviedad en pleno 2015.

Debajo de los escombros de error, sin embargo, Lorenzini tenía un punto: el proyecto de Bachelet deja algunas dudas respecto del mecanismo probatorio del delito de violación y los parlamentarios DC se casaron con un programa que no contemplaba el detalle de la iniciativa. Por ello reclaman, legítimamente, independencia para votar en conciencia. Irónicamente, el que tiene menos libertad para hacerlo ahora es el propio Lorenzini, que se ve más presionado que nunca para votarlo a favor.

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