Carta reclamo de Carlos Iturra se hizo vital tras contar que su hijo lo pasa pésimo
Pedimos un poco más de empatía, porque someter a alguien con esta condición a la música de los artistas, es equivalente a llevarlos a ver el Año Nuevo en Valparaíso, segura el hombre.
«Mi reclamo no es para que saquen a los cantantes, sino para que Metro asuma la realidad y genere un reglamento, una pauta que nos permita convivir respetuosamente, pero que a la vez genere nuevos espacios para las personas que tienen necesidades especiales,» explica Carlos Iturra, el hombre que este fin de semana se hizo viral, tras enviar una carta a El Mercurio en que describe los problemas que debe enfrentar su hijo, un joven de 23 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA), cada vez que se sube al tren subterráneo.
«Viajar con mi hijo en Metro se ha hecho insostenible. Mi hijo es autista, y junto con él debo sortear todos los ruidos estridentes», parte la misiva, en que cuenta que varias veces han tenido que bajarse del tren por causa de artistas que usan parlantes a todo volumen, lo que termina por afectar a su hijo. «Es desesperante la falta de empatía. Incluso a uno lo miran feo por bajarse y no escuchar su ‘arte'. Ojalá se pueda tomar alguna medida para que los viajes en Metro sean realmente placenteros», comenta.
«Para nosotros ya es normal que un viaje en Metro que toma 20 minutos, a nosotros nos tome 50 y más, porque cada cierto rato tenemos que bajarnos por causa del ensordecedor ruido», asegura Iturra al teléfono, quien lejos de quedarse en la crítica, tiene una propuesta para Metro. «Creo que la experiencia ha demostrado que, a pesar de que los cantantes están prohibidos dentro de las estaciones y los vagones, los cantantes no se van a ir. Es decir, ya no se fueron, por que tendría mucho más sentido que la empresa reservara algunos carros para los artistas y que el resto sea para viajar en silencio», postula.
«Así, cada pasajero podría elegir si quiere viajar animado por un cantante en vivo o escuchando su teléfono con audífonos, lo que beneficiaría no solo a las personas con TEA, sino también a quienes viajan con guaguas o simplemente quieren descansar», dice el hombre, quien pronto espera ver cambios en ese sentido.
«Pedimos un poco más de empatía, porque someter a alguien con esta condición a la música de los artistas es equivalente a llevarlos a ver el Año Nuevo en Valparaíso. Eso sería una locura, porque sin duda tanto ruido terminaría por afectarlos. Acá pasa lo mismo, solo que dentro del tren subterráneo», dice Iturra, quien lamenta que no todos hayan comprendido su queja.
Dice que al mirar las redes sociales se ha encontrado con algunos comentarios que lo entristecen. «Algunos me han dicho que por qué mejor no le compongo yo una canción especial para mi hijo y que, si no nos gusta, mejor nos bajemos y tomemos un taxi, lo que raya en la discriminación».
Carros silenciosos
Al psiquiatra y académico de la Pontificia Universidad Católica (PUC) León Cohen, no le extraña la petición de Carlos Iturra. «Tiene que ver con los tiempos que vivimos, con la creciente necesidad de integración y con las medidas que estamos dispuestos a tomar para conseguir ese objetivo, a veces tan lejano», asegura el especilista.
También recuerda que ya no hay dudas sobre los efectos nocivos que producen los ruidos estridentes en las personas con TEA. «Es muy posible que ante un estímulo tan potente y del que no pueden escapar, estos pacientes generen estados de perturbación y confusión, que suelen manifestarse a través de un sentimiento de incomodidad y enojo», explica.
Sobre las posibles soluciones a este viejo problema, Cohen cree que en Chile no hay nada que inventar. «En Berlín, por ejemplo, no hay cantantes ni comercio ambulante en el Metro, lo que favorece una mejor experiencia de viaje para todos los usuarios, incluidos las personas con TEA y aquellas con movilidad reducida, que muchas veces tienen que mover sus sillas de ruedas para dar espacio a los cantantes».
En opinión del psiquiatra, «no hay que perder más tiempo para dar confort a las personas con TEA, porque si realmente creemos en la integración, debemos ser capaces de crear espacios de respeto que nos acojan a todos», finalizó


