¿Quién diablos está saboteando «Ganar o servir» ?

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Alguien parece empeñado en farrearse el formidable casting del reality del 13.

«¿Ganar o servir?» definitivamente está marcando la pauta de los nuevos reality shows, que en realidad son «antirrealities». Además de notoriamente libreteados están tan desfasados que yo, sin ir más lejos, ya sé quiénes van a disputar la gran final. Por supuesto, no les daré una sola pista para mantener mi impresionante racha sin incurrir en la deleznable práctica de los spoilers.

Claro que seguramente ustedes saben las identidades de los finalistas. Es que además Canal 13 parece empecinado en matar todo atisbo de sorpresa. Un solo ejemplo: el momento en que Mariela Sotomayor explotó contra Camila Recabarren (Paty Cofré quedó como una monjita ursulina al lado de ese rosario de insultos) fue adelantado por esa estación durante días. Cuando llegó a la pantalla carecía de todo interés.

Como si eso fuera poco, no se muestra todo, lo que acrecienta la confusión de la teleaudiencia y tiñe de inverosimilitud algunos cambios drásticos en las relaciones de los participantes. El caso más emblemático fue la pelea entre Fabio Agostini y Luis Mateucci, de la que solo se mostró la agresión inicial del primero (darle vuelta en la cabeza un vaso de agua con un contenido entre no tradicional y asqueroso).

Se me podrá decir que no pueden mostrar violencia, en cuyo caso responderé que entonces no deberían exhibir casi nada, lo que nos dejaría ante un microprograma, no más extenso que el recordado  «Visiones», en la misma señal.
Todos estos autogolazos no hacen más que desperdiciar uno de los mejores castings que se han realizado a nivel local en este género desde «La granja Vip».

Me pregunto cuál es la motivación profunda que hay detrás de estas decisiones. Es difícil atribuirlo a un sabotaje, ya que involucra a varias líneas de mando y se salta todos los controles diseñados para evitar estos errores no forzados.

Habrá que resignarse a que ya no hacen los realities como antes, por lo menos en esta parte del mundo. Habrá que concederles a los nuevos cerebros de estos telecautiverios su inalienable derecho a solo poner en pantalla una realidad manipulada y editada hasta el último detalle. Es su juguete. En esta extraña cadena productiva poco importa el consumidor final. Los mirones son de palo.

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