Para el comisario Cristián Jiménez, Antares de la Luz parasitaba de sus seguidores
El líder de la secta de Colliguay convenció a los miembros de su secta de que su hijo era maligno tras hacerlos consumir ayahuasca.
Ningún miembro del grupo lo cuestionó. Todos creían que el niño era la encarnación de lo maligno. «En cierta manera Castillo lo creía, pero eso no quiere decir que haya estado delirando. No era una persona esquizofrénica y tampoco tenía delirios mesiánicos que describan a una persona que se cree salvador. No es el caso. Tenía los rasgos propios de los sicópatas, que es la falta de empatía, capacidad de manipular y de mentir patológicamente para convencer», describe el comisario Cristián Jiménez Quijada, autor del perfil sicológico del homicida.
¿Lo planificó?
«Sabía lo que hacía. El ejemplo más claro es el embarazo de Natalia Guerra. Él lo supo cuando tenía unos tres meses de gestación. Cuando se enteró hizo que todos tomaran ayahuasca, que es una infusión alucinógena, y en ese momento les dijo que ese hijo era la personificación del mal. Habiendo instalado esa concepción de lo maligno, inmediatamente designa que el fin de ese ser es la muerte y que había que sacrificarlo».
¿Por qué dice que no era un delirio mesiánico?
«Hemos visto a sujetos delirar y cometer atrocidades, pero dan la cara, por así decirlo. Creen que son dioses e intentan convencer a otros de que lo que creen es cierto. Ramón Castillo huyó a Perú y se suicidó. Tenía conciencia de la ilicitud de lo que hizo. Las personas con delirios mesiánicos no tienen los recursos como para darse cuenta de lo ilícito de su acción y se quedan porque no tienen miedo de afrontarlo. Piensan que no es algo negativo».
¿Qué hizo que Ramón Castillo formara una secta?
«Tal vez encontrar un nicho y decidió que era la forma de imponerse en la vida. Es una forma de estafar, de embaucar y de parasitar».
¿Parasitar?
«Instrumentalizaba los vínculos para beneficio propio y tenía un estilo de vida parasitario, propio de los sicópatas y de los líderes de sectas. No trabajaba, vivía de los bienes de sus seguidores. Por eso buscaba a personas profesionales jóvenes, gente que no estaba en riesgo social, pero sí en riesgo de carencias afectivas».


