Premio Nacional de Literatura 2025 reflexiona sobre su detective privado y la realidad
Ya tiene escritas 40 páginas de su próxima novela, en la que su personaje enfrentará la corrupción.
«Harto ajetreo», dice Ramón Díaz Eterovic que ha tenido en las pocas horas que lleva como Premio Nacional de Literatura 2025. «Mucho saludo de lectores, de amigos, todo lo cual le da otra dimensión a este asunto del premio», explica el creador de Heredia, el detective que en la placa de acrílico de la puerta de su oficina ordenó agregar a su nombre la frase «investigaciones legales», por allá por 1987.
«Creo que todo reconocimiento, al margen de la importancia o del tamaño, es siempre un aliciente para intentar algo nuevo. Ahora, no por el premio, de antes ya, había empezado a escribir una nueva novela».
¿Con Heredia?
«Con Heredia también».
Adelante algo.
«La novela va a ser algo relacionado con corrupciones y, obviamente, como siempre, va a estar ambientada en Santiago, en el barrio de Heredia. Él está un poquito más viejito.
¿Corrupción de qué tipo?
«Es económica-política, por ahí. La verdad es que llevo como 40 páginas y, bueno, yo soy de la teoría de que gran parte de una novela se empieza a construir a medida que uno empieza a escribir. Uno tiene una idea inicial, general, y luego empiezan a aparecer situaciones, personajes, anécdotas, que le van dando distintos cursos a la novela».
O sea, el final no lo tiene claro cuando empieza a escribir.
«No siempre. Tengo un final tentativo, que fácilmente puede ser modificable a última hora. Porque de pronto, a medida que uno escribe, la trama se bifurca, cambia, qué sé yo. Hay que dejar que la imaginación corra sola».
¿Heredia tiene más trabajo en estos días?
«Creo que sí. La cosa de la violencia está brava. Y bueno, están todos estos delitos de sicarios y de asaltos medio colectivos que de pronto son como inéditos en la realidad social chilena».
Los turbazos.
«Los turbazos, claro. Esta cosa de que asesinan gente, hay tiroteos, qué sé yo, casi todos los días. Sabemos que hay una delincuencia de otra característica y todo eso genera, creo yo, una situación más bien complicada para la mayoría de las personas».
¿Ve a Heredia tratando de resolver un crimen cometido por el Tren de Aragua, por ejemplo?
«Sí, ¿por qué no? Puede hacerlo, aunque no sería la primera vez que se topa con narcotraficantes. Heredia no le hace el quite a nada».
¿Cómo incorporaría la idea del turbazo en una novela?
«Podría haber tal vez una víctima de eso y Heredia debería empezar a investigar para tratar de identificar a los culpables».
¿Cómo ha cambiado Heredia en todos estos años? ¿Sigue fumando Derby?
«Ha bajado un poco la intensidad de algunos consumos. Sobre todo el cigarrillo, y está tal vez más meditativo. Hay menos violencia en su trabajo, pero más inteligencia».
¿Heredia sigue hablando igual? En la primera novela dice «diantres», que no es una palabra muy común.
«Siento que sí. Trato de hablar un lenguaje más bien coloquial. No es un personaje que use mucho garabato ni nada de eso y sigue declarándose coleccionista de citas literarias y de bares».
¿Qué lamenta Heredia que haya desaparecido en Santiago?
«De pronto echa de menos esos bares así de mesa de madera, así como era el City Bar o el Berri, ahí en el Barrio Lastarria. Eran lugares amables, que invitaban a la conversación. De pronto, bueno, aparecen otros nuevos, que sólo son un montón de acrílicos, de vidrios. Y como que a uno lo obligan a ocupar menos tiempo. Porque claro, de pronto el bar no es solamente un bar de Heredia, sino que es también un espacio de sociabilidad. Esos espacios donde habitualmente se conversaba más han venido desapareciendo. Tal vez el último que queda es la Unión Chica».
¿Heredia es político? ¿Tiene una definición política clara?
«Bueno, no es militante de nada. Él es más bien un outsider. Un alguien que mira, que observa todo lo que pasa, y sí, tiene una mirada de una persona de izquierda. Sin duda alguna».
¿Él va a votar en estas elecciones?
«No sé. Tiene un comportamiento errático, a veces».


