Es triste ver desaparecer a los liceos emblemáticos de los establecimientos destacados, lamenta experta
Datos duros: liceos tradicionales han caído estrepitosamente en la última década.
Sólo un establecimiento público -el liceo Augusto DHalmar, de Ñuñoa- asoma entre los 100 colegios con mejor puntaje promedio en la reciente PAES. Así lo muestra la información que recopiló Ernesto Laval, ingeniero civil y PhD en educación, quien analiza los resultados de la prueba a partir de la base de datos abiertos del Demre (elaval.github.io/PAES-2026, https://acortar.link/Dga9RP)
Tomando sólo los establecimientos municipales y de servicios locales de educación pública (SLEP), se confirma que varios liceos tradicionales figuran bastante abajo en el listado. Por ejemplo, el Instituto Nacional, que en 2015 estaba en el lugar 40, hoy se encuentra en la posición 353; el Liceo Carmela Carvajal, de Providencia, hace una década se encontraba en el puesto 86 y ahora está en el 349.
«Cada año es más triste ver desaparecer a los liceos emblemáticos -y a la educación pública en general- de la lista de establecimientos destacados», opina Susana Claro, académica Escuela de Gobierno UC, cofundadora de Enseña Chile y máster en Educación de la Universidad de Harvard.
«Lo más grave es que perdemos mucho más que unos puntos en la PAES. Se pierde talento que deja de desarrollarse, miradas diversas que dejan de participar de espacios más exigentes académicamente, oportunidades que dejan de estar accesibles. Tiene un grave impacto en el desarrollo y la equidad del país», lamenta.
«Creo que debemos dejar de creer que cualquiera puede administrar o liderar un colegio exitosamente. Muchos no lo logran y sería bueno explorar la idea de transferir escuelas que no funcionan bien a sostenedores que ya han probado administrar bien, entregándole las atribuciones necesarias para generar un cambio. En vez de eso, vamos a transferir escuelas que funcionan bien -como el liceo de Ñuñoa que salió entre los 100 mejores puntajes- a un SLEP que está en proceso de aprendizaje. Creo que es una mala idea experimentar con lo poco que sí funciona bien, en vez de partir al revés», advierte.
Una idea generalizada es que muchos apoderados son muy buenos para reclamar y los directores temen tomar medidas.
«Creo que es muy importante entregar más atribuciones a directores y directoras. Hoy están atados de manos para muchas cosas. Como dices, están temerosos. Decía un escritor americano, Frederick Hess, que los directores terminan actuando como atrapados en una jaula por miedo a cometer un error. Los directores no tienen tiempo para entender las sutilezas de tantas regulaciones, que son muchas y muy sofocantes, y así dejan de reaccionar oportunamente a los problemas, se congela también la innovación y el mundo nos cae encima con toda su complejidad y nuevos desafíos sin adaptarnos».



