Oficial viajó especialmente a verificar si se superaba la meta de 2.000 reciclajes
La marca se logró antes de que se cumpliera el plazo. Este evento es una locura maravillosa para prevenir el residuo textil, comentó organizadora.
Una larga fila, con mayoritaria presencia femenina, se podía observar durante todo el sábado en el hall central del Centro Cultural La Moneda, en el corazón de Santiago. ¿El motivo? Intercambiar ropa, prevenir el residuo textil y fomentar la economía circular. Y de paso, para lograr un récord mundial.
‘Estamos invitando a que la gente traiga una prenda de ropa en perfecto estado, de temporada, y se pueda llevar otra', explicó María José Gómez, fundadora de The Ropantic Show, organizadores del evento en colaboración con el Ministerio del Medio Ambiente.
Antes de entrar se verificaba el estado de la vestimenta que llevaba cada persona y recibía una medalla y una pulsera con la que podía escoger alguno de los más de 2.500 artículos disponibles para reutilización. El stock se conformaba por vestidos y blusas recolectados en el evento anterior (Ro-pantic organiza más de cinco intercambios al año) y que siguen circulando.
La ropa más antigua, que ya nadie se llevó, tampoco se bota.
‘Tenemos socios que la convierten en paneles de aislación térmica para viviendas sociales. Nada se pierde', destacó Gómez.
Decidieron lanzarse con el récord para darle visibilidad a la iniciativa, que el próximo año pretende dar un salto internacional. Por eso, entre los colgadores se paseaba Natalia Ramírez, adjudicadora oficial de Guinness World Records, encargada de certificar las marcas mundiales en Sudamérica y Centroamérica. Ella viajó desde Bogotá, Colombia, especialmente para verificar si se lograba completar el desafío.
‘El propósito de este intento es que la actividad se desarrolle en un período de ocho horas, entre las 11 y 19 horas. La expectativa es que al final tengamos más de 2.000 intercambios de ropa realizados', detalló.
A las 13 horas ya llevaban más de 500 participantes.
‘El movimiento ha sido muy bueno', comentó el oficial.
¿Por qué esa meta? ‘Este es un título nuevo dentro de nuestra base de datos, nadie antes lo había hecho. Establecimos las reglas y el número de 2.000 es el mínimo establecido. Si lo superan, el día de hoy hacemos entrega del certificado', aclaró.
Antonia Calderón salió feliz del evento. Ella llevó una malla y la cambió por un vestido largo. Su amiga Paula Reyes intercambió unas poleras que tenía guardadas en su clóset por dos tops.
‘Somos buenas para el reciclaje, siempre hemos sido súper conscientes del tema de los residuos, también atentas a lo que pasa en el Desierto de Atacama, que se convirtió en un basurero de ropa usada', comentó.
El flujo no se detuvo. Antes de las 18 horas ya se habían completado los 2.000 intercambios, y seguían llegando personas. El récord estaba asegurado.
‘Este evento masivo es una locura maravillosa para poder prevenir el residuo textil', comentó María José Gómez. ‘Lo más importante tiene que ver con volver a vincularnos de una forma distinta con el vestir, enamorarnos del proceso más que de la marca'.


