Lanzan reedición de los relatos-diarios de vida de Marcelo Matthey Correa
El autor registró los más anodinos hechos de su existencia en dos libros editados entre 1988 y 1990. Ambos trabajos, por cierto, son auténticos objetos de culto.
«Creo que no sería abusivo decir que la vida de Matthey Correa carece de todo interés, al menos en el sentido convencional de la palabra», advierte el poeta Cristóbal Joannon en el prólogo de Sobre cosas que me han pasado , libro de 178 páginas que reúne la totalidad de la obra literaria de Marcelo Matthey Correa.El volumen, que acaba de ser lanzado por el sello Los Libros que Leo, contiene los dos relatos-diarios de vida que el autor santiaguino publicó entre 1988 y 1990.
Se trata de piezas que constituyen auténticos objetos de culto (hasta ahora eran casi inencontrables), y que, tal como observa el prologuista, se centran en vivencias que difícilmente podrían ser calificadas como material propicio para la creación dramática, narrativa o ensayística.
«Abrir la puerta de calle y pararme sobre las gradas de la escalera es algo que he estado haciendo, algunos días de cada semana, entre las nueve y diez de la noche. Es formidable ver pasar a los estudiantes de la Escuela de Adultos, a la hora en que vuelven de clases por Avenida España, y escuchar algo de lo que conversan y los chistes que dicen», escribe el narrador en un pasaje fechado entre diciembre de 1987 y enero de 1988.
Nacido en 1959, y poseedor de un título profesional que lo acredita como ingeniero civil hidráulico, Matthey Correa reside actualmente en Valdivia, ciudad en la que compatibiliza su vida familiar (tiene esposa y dos hijos) con sus labores en los campos de la antropología y las matemáticas.
«Siempre fui muy casero y solitario. Me parece que esto influyó bastante en mi personalidad, donde prima el ser principalmente espectador de la vida cotidiana», explica el autor, cuya obra literaria incluye concisos apuntes relacionados con situaciones como paseos a pie por la ciudad, viajes en bus a El Tabo, tardes de flojera en el patio de la casa paterna y visitas a la biblioteca pública.
«En esos tiempos, cuando escribía, hacía muchos viajes, cerca de Santiago. Todo eso quedó en los libros», agrega el hombre, quien redacta sus respuestas con un estilo que conserva buena parte del carácter aparentemente objetivo, impersonal e ingenuo que se aprecia en sus textos de fines de los años 80.
«Creo que en mi personalidad no he cambiado. Lo que sí, ya no tengo el tiempo libre de esos años, que me permitía hacer todas esas cosas: viajar, caminar, ir al cine. Igual, de repente tengo momentos de tranquilidad para percibir las situaciones, así como lo hacía antes», reflexiona.
-En uno de tus relatos escribes: «Pensar que al caminar por ahí está todo frente a uno, la realidad de las cosas». Parece que con eso estás entregando una de las claves de tu trabajo, ¿no?
-Sí, creo que es cierto lo que dices. Eso es algo que en esos tiempos percibía muy fuerte, y quería decirlo en mi escritura. Son chispazos que uno siente en un momento determinado, y ahí uno va muy luego a escribir eso, para que no se olvide.
Sin ruidos anexosEl escritor Roberto Merino es uno de los numerosos autores que han caído bajo el extraño hechizo de Marcelo Matthey Correa.
«No conozco otro caso en la literatura chilena en que la realidad esté cifrada por exposición directa. Las cosas, las acciones, los movimientos, las conversaciones, aquellas singularidades con las que se teje nuestra vida diaria, están en esos textos presentados, por decirlo así, sin el ruido anexo de los pensamientos», opina Merino.


