Melanie Díaz pasa entre siete a ocho meses al año en México
Explica que eso de andar de un lado para otro es cansador, pero que no puede quedarse en un sector definitivo por un tema de precios.
A los 20 años, Melanie Díaz tomó una decisión que no todos entendieron: dejó en pausa su carrera de Química y Farmacia, que cursaba gratis gracias a becas por su buen puntaje PSU y su excelencia académica, para dedicarse a relatar videojuegos.
«Sabía que podía hacer una buena carrera de esto», dice hoy, a los 23 años.
¿Un trabajo particular? Claro. Narra partidas competitivas en vivo, igual que un relator de fútbol.
«Me dedico a ponerles tensión, suspenso, humor y emoción a las jugadas. La idea es que quien esté mirando, aunque no sepa mucho del juego, entienda qué está pasando y se quede mirando», describe la joven (@7mitssu).
A veces relata desde estudios y otras, en torneos presenciales con público. Pero lo más importante: para poder hacerlo, tuvo que semimudarse a México. Cada año pasa entre siete y ocho meses en la capital y Monterrey, cubriendo torneos presenciales de eSports.
Por eso ha estado en una decena de alojamientos de Airbnb en menos de dos años. La variedad ha sido grande y no siempre favorable.
«Me ha tocado quedarme en lugares donde no hay refrigerador. Imposible guardar carne o congelar comida. Esas cosas son clave si vas a quedarte más de un mes», describe.
Su empleador se encarga de buscar y pagar el alojamiento. Con el tiempo, la empresa ha aprendido a filtrar mejor, pero no siempre da en el clavo.
«El primer año no sabía ni dónde me iba a quedar. Me tocó un lugar que tenía aire acondicionado, pero después cobraban aparte la cuenta», recuerda.
«Ha sido difícil», añade. «Cambio de lugar cuatro o cinco veces por año. No me puedo sentir cómoda ni en casa en ningún momento».
Más de México
Reforma, la zona donde trabaja, es costosa, dentro de las más cotizadas de Ciudad de México. Eso reduce mucho las opciones de lugares para arrendar.
«Lo más básico es carísimo», sostiene la joven.
A pesar del precio, el sector igual es estridente, por lo que ha enfrentado situaciones incómodas: «Una vez el departamento quedaba justo al lado de una demolición. Martillaban toda la noche, no se podía dormir. Me cambiaron, pero fue recién después de dos semanas».
Otro tema frecuente es la falta de lavadora o secadora, entonces tiene que mandar la ropa a la lavandería y es un gasto que se suma.
Sin embargo, no todo ha sido negativo.
«También me han tocado unos lugares increíbles, con tres habitaciones, dos baños, gimnasio y conserje. En esos momentos uno descansa bien y puede trabajar tranquila», asegura.
Aun así, nunca ha encontrado un alojamiento perfecto.
«Siempre hay algo: que no hay utensilios, que la ducha no calienta, que no tiene blackout, que el wifi es malo o que hay cucarachas», enumera.
Y aunque se ha adaptado, reconoce que vivir así tiene un impacto en el bienestar.
«Una se acostumbra, pero es cansador. Estás armando y desarmando la maleta todo el año y dependiendo de si tienes suerte o no con el alojamiento», asegura.
¿No es mejor que arriende algo más definitivo?
«Es que donde estoy es súper caro, es la parte más cara quizás de Ciudad de México. Entonces en el último Airbnb que estuve, por ejemplo, costó como $2.000.000 el mes. A la empresa no le conviene arrendar el año entero, porque el resto del tiempo no se ocupa para nada».
¿Tiene algún tip para ir de un alojamiento a otro sin sentirte tan incómoda?
«En general, intento adueñarme del espacio apenas llego. Una de las primeras cosas que hago es comprar filtros para el agua, porque allá la dureza es muy extrema; daña la piel y el pelo. Cuando no tenía filtro, lo noté. También uso humidificador, instalo mi setup con micrófono y cámara y ahora le dejé a un amigo de México algunas cosas que solo uso allá, como soporte, cables de red, cosas del miniestudio. Apenas llego, vacío las maletas, ordeno, uso todos los cajones del alojamiento y salgo a hacer las compras. Es clave saber dónde comprar agua, porque en México no se puede tomar de la llave como en Concepción; te puedes enfermar heavy, quedar en cama del dolor de estómago».
¿No se siente mucho el desarraigo al viajar tanto?
«Siempre que viajo desde Chile pienso que lo voy a extrañar, pero apenas llego a México y veo las calles, todo me parece familiar, como si ya lo hubiera vivido antes. He estado en muchos Airbnb en distintas partes de Ciudad de México, como Polanco, Reforma, Roma, y eso me ha hecho conocer harto, caminar por los barrios, ir a comprar agua, hacer las compras. Cada zona me trae recuerdos. Cuando vuelvo a pasar por ahí, pienso: Aquí estuve, aquí lo pasé bien. Son muchos recuerdos».
Acaba de estar en Chile, me imagino que acá se sentía más tranquila.
«Siento que cuando estoy en Chile disfruto las cosas más simples, como hacer mi cama o pasear a mi perro. Cuando estoy en mi casa no me dan ganas de viajar. Mucha gente tiene muchas ganas de viajar y conocer, pero yo solo quiero estar en mi casa, porque cuando viajo es medio estresante, todo es trabajo».


