Río subterráneo provoca enorme socavón en Estación Central

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Debajo de la calzada, que se había hundido 15 centímetros, había un hoyo de 3,8 metros de profundidad

Los técnicos que llegaron al lugar descubrieron que había un tramo de unos 16 metros sin tubo de alcantarillado.

Cecilia Cáceres cuenta que hace dos años «unos señores equis» llegaron al frente de su casa, en calle Aeropuerto con Los Jazmines, en la comuna de Estación Central, a hacer «unos arreglos equis», y que poco tiempo después apareció un hoyo en la calzada.

«Era un hoyo típico de calle de, no sé, un metro de largo por un metro de ancho y no tan profundo, pero era lo suficientemente grande para que los autos tuviesen que esquivarlo», cuenta.

No sabe a ciencia cierta si ese episodio es el antecedente directo de lo que pasó esta semana en ese mismo cuadrante de la calle, pero por lo menos sí le parece un antecedente narrativo digno de mencionar.

Luego, a mediados de la semana pasada, prosigue la vecina, la calzada ubicada frente a ese hoyo, por el lado donde debían pasar los autos y las micros para, precisamente, esquivar el hoyo, comenzó a hundirse de a poco.

«Primero fueron un par de centímetros, al otro día fueron dos centímetros más, luego cinco, diez centímetros, hasta que este miércoles la cosa se hundió heavy».

«Y también», agrega, «comenzó a sentirse un olorcillo bien raro, medio rancio y asqueroso».

El riachuelo

Ese mismo día llegó personal del Servicio Municipal de Alcantarillado de Maipú, que colinda con Estación Central. Juan Contreras, jefe de la cuadrilla de trabajadores que llegó al lugar, vio que la calzada se había hundido 15 centímetros, también sintió de inmediato que había un olor raro y, lo más curioso de todo, es que se escuchaba una especie de riachuelo debajo de la tierra.

«Era evidente que abajo se había roto una matriz», dice. «Cabía la posibilidad de que fuera una matriz de agua potable o de colector de agua servida. Resultó que era de agua servida».

Para inspeccionar el lugar, sacaron parte de la calzada y, como si fuera la tapa de una olla, descubrieron que debajo de esta tapa había un tremendo socavón horadado por un riachuelo de aguas servidas que corría alegremente a unos 3,8 metros de profundidad.

«No es que el tubo del alcantarillado haya estado defectuoso o haya tenido una filtración; derechamente no había tubo de alcantarillado en un tramo de unos 16 a 17 metros», explica. «Lo que tuvimos que hacer fue agrandar el socavón para dejar al descubierto todo el tramo sin tubo de alcantarillado para que después, otro equipo de trabajo, instale los tubos nuevos».

Contreras cree que las labores debieran quedar terminadas el miércoles de la próxima semana, luego que se instalen los tubos, se rellene el sector, y se haga la ingeniería civil para la instalación del hormigón y el asfaltado.

«Lo más terrible es el olor», dice doña Cecilia. «Tuvimos que irnos todos a dormir al fondo de la casa porque era insoportable».

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