Cuando no va a ¡Hay que decirlo! a la ex de Pinilla la trolean sus compañeros. Y cuando va también.
‘¡Vamo' a calmarlo'!', como dice un muy buen amigo mío, a quien la educación le ha sido bastante esquiva, por no decir una completa desconocida. Así me dan ganas de exhortar al panel de ‘¡Hay que decirlo!' a propósito de su trato pasivo-agresivo con una de sus integrantes, Gissella Gallardo. Verla allí se ha vuelto pesadillesco.
No es común que, cuando un escandalillo afecta o salpica a una figura televisiva, su propio espacio se encargue de abordar el caso, fustigarla y exponerla en pantalla. A menos que el o la propia implicada pida su derecho a réplica o a aclarar ciertas situaciones o acceda a esa petición de parte de su equipo. Este último fue el caso de Cecilia Gutiérrez este viernes, que quiso salir al frente de comentarios de Adriana Barrientos acerca de un supuesto interés en ella por parte del marido de la ex ‘Primer plano'.
No ocurrió lo mismo con Pamela Díaz, que nunca asumió su responsabilidad tras presionar hasta el cansancio, desde otra de sus plataformas, al notero Rodrigo Avilés para que revelara las identidades de los nuevos ingresos a ‘Vecinos al límite'. La situación le costó a ‘Gallina' estar fuera de pantalla durante varios días y a la Fiera ni siquiera le llamaron la atención.
Mi punto es que Gissella no debería prestarse tan sumisamente para que hablen de su separación de Mauricio Pinilla ni de la eventual nueva pareja de ella. Ya lo dijo Eurythmics en su canción más famosa, ‘Sweet dreams (are made of this)': ‘Some of them want to abuse you, some of them want to be abused' (‘algunos quieren abusar de ti. Algunos quieren ser abusados').
Por eso Matías Vega le espetó hace unos días, extrañamente poco caballero, que ella era la vocera de Marité Matus, haciendo causa común con la ya citada Díaz y ahondando la herida que le causó ese roce público que tuvo con la conductora del programa.
Por eso Ignacio Gutiérrez, cuando Gissella vuelve al trabajo luego de estar aquejada de una molestia física, le dice, suspicaz, que le duró 24 horas la tortícolis.
Son pequeños palitos y cachamales que van minando el ánimo de quien los recibe. Solo Willy Sabor, quien suele sentarse a la izquierda de la periodista, no se suma a este soterrado bullying.
Si hubiera sido Gissella y no Pamela quien hubiera incurrido en la burrada de decir ‘uno es el diestro y el otro el derecho', en referencia a unas estatuas de perros-dragones en la ciudad prohibida, en Beijing. todavía estarían mofándose de la ignorancia supina que destila esa frase. Pasó piola porque lo dijo la jefa.


