La mujer fue encontrada ayer en un albergue de Kesennuma
Está a 150 kilómetros de la planta nuclear de Fukushima, pero prefiere quedarse en ese país.
Se quedó con lo puesto. No ha podido regresar a su casa desde hace una semana y ahora sobrevive a duras penas en un albergue. Sin embargo, la chilena Sandra Medina, de 36 años, no quiere abandonar Japón pese a la creciente amenaza de radiación que se expande por el país asiático.
La encontraron ayer -a las seis de la madrugada hora de Chile- en la ciudad de Kesennuma, a 150 kilómetros de la planta nuclear de Fukushima. Dos funcionarios de la embajada chilena recorrieron medio Japón para ir a socorrerla.
«Sandra está aislada, no hemos podido comunicarnos todavía. Ella está divorciada de su marido japonés y tiene a su hijo, Takashi, de diez años. Los dos están juntos en el albergue», cuenta Nancy Tarifa, hermanastra de la mujer.
-¿Por qué quiere quedarse allá?
-No lo sé. A lo mejor está choqueada por lo que ha vivido. Quizás no quiere regresar porque le preocupa la educación de su hijo y le da miedo que lo discriminen en Chile por ser japonés.
-Sé que habló con ella horas después del terremoto.
-Ella llamó para decir que había encontrado a su hijo… a él lo habían evacuado a los cerros. Me dijo que todo parecía un infierno, que había fuego por todas partes. Ahora solo supe que los funcionarios le dejaron alimentos y remedios.
«Sáquennos de aquí»
Otros chilenos, en cambio, solo quieren subirse a un avión rumbo a Santiago, como el peluquero Jorge Olavarría. Él vive en Chiba, a 200 kilómetros de la planta nuclear.
«Acá no nos dicen nada sobre cómo se expande la radiación. Por televisión dijeron que debemos usar mascarillas o colocarnos toallas mojadas en el rostro y ducharnos mucho, pero hay poca agua. No hay pan ni arroz. Queremos que nos saquen de aquí. lo único que quiero es irme a Chile con mi familia».


