Se reabrió avenida Borgoño: locatarios de restaurantes esperan que los clientes vuelvan

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A un año de los socavones ocurridos en las dunas de Concón

Los trabajos del nuevo colector de aguaslluvias permitieron que vuelvan a circular locomoción colectiva y vehículos particulares por la calle.

A un año del cierre de la costanera Avenida Borgoño, por causa de los socavones producidos en septiembre y octubre del 2023 en el sector de Cochoa, en la comuna de Viña del Mar, este martes tanto vecinos como locatarios volvieron a respirar tranquilos con la reapertura de la panorámica ruta, que une Concón con la Ciudad Jardín.
«Con los trabajos de la etapa del llamado segundo socavón terminados, lo siguiente es concentrarnos en las obras de la calle Montemar, que corre por arriba, y en el colector definitivo para todo el sector», explicó el seremi de Obras Públicas, Yanino Riquelme.
Tras esto, los alcaldes de Viña del Mar, Macarena Ripamonti, y Concón, Freddy Ramírez, llamaron a avanzar en la habilitación de los cientos de departamentos que se mantienen desocupados en la cima de las dunas de Concón, por motivos de seguridad.
«Ya estamos listos con la primera parte, que es la habilitación de las avenidas, pero nos quedan las personas que fueron gravemente afectadas, para continuar con todas las acciones conducentes a que esto no se vuelva a repetir», anunció la alcaldesa.
La obra
Desde la Avenida Borgoño se aprecia la monumentalidad de la obra, que consiste básicamente en un amplio colector de más de cien metros, que recoge las aguas lluvias acumuladas en la parte alta de las dunas, donde se elevan varias torres de departamentos, y las baja en un empinado ángulo hasta un desaguadero ubicado al borde de la calle. Para frenar la alta velocidad del caudal, el desaguadero está revestido en rocas, que cumplen la función de frenar y dispersar el flujo de agua, para luego enviarlo a un túnel que pasa bajo la vía, hasta el mar. Con esto, una de las principales conexiones entre Concón y Viña quedó habilitada para el tránsito de vehículos y personas.
A medias

Aunque los vecinos del sector se alegran de contar nuevamente con los recorridos 601 y 302 de locomoción colectiva, hay acuerdo en que a nivel urbanístico y turístico, los trabajos han dejado una cicatriz que será muy difícil de sanar.

«Hubiera sido esperable que luego de tanto trabajo y molestias, tanto las municipalidades como el MOP se hubieran preocupado un poco más del paisajismo y de la seguridad de los turistas», reclamó Martín González, quien tiene un departamento justo frente a la playa de Cochoa.
Lo mismo opinó Claudio Jofré, dueño del Costa Cochoa, otro de los restaurantes insignia de la zona. «Este año se dedicaron únicamente a los socavones, lo que es entendible, pero con esa tremenda inversión no fueron capaces de tapar los hoyos, ni siquiera de remarcar las calles, que fueron destruidas por la maquinaria pesada, lo que además de arruinar la belleza natural del lugar, significa un problema de seguridad para conductores y transeúntes», dijo.
«Lo único nuevo que hicieron, fue instalar dos lomos de toro, para que las micros no corran tanto, porque no repusieron, ni arreglaron las barandas que fueron destruidas por los socavones o el paso del tiempo», agregó. Hasta este martes solo había unas mallas de color naranja, que impedían el paso desde la berma a los roqueríos que se encuentran pocos metros bajo el nivel de la calle.
En sus palabras, «si queremos revitalizar Cochoa, que genera gran cantidad de puestos de trabajo en turismo, hay que invertir para restaurar su belleza, al menos en lo que sea posible», aseguró Jofré.
Lenta reapertura
De todos los restaurantes que debieron cerrar por los socavones, ninguno se vio tan afectado como el Stella Maris, que incluso recibió parte del material caído desde las dunas. «Aunque nos autorizaron para funcionar este septiembre, para nosotros fue un mes bastante malo, porque a pesar de que la gente podía llegar a pie, el tramo de 200 metros que había entre el cierre de la calle y nosotros fue fatal», contó este martes Samuel Lizama, el nonagenario dueño del recinto.
Eso sí, esta segunda reapertura se viene con algunos cambios, adelantó. «Ahora cerraremos más temprano, como a las cinco o seis de la tarde, porque no anda tanta gente, creemos que por la falta de seguridad». Eso no solo se ha notado en los robos a los edificios desocupados que hay en las dunas, sino también en algunos locales menores y casas de veraneo.

Sin embargo, Lizama aclaró que los cambios no tocarán su cocina. «Como ya estoy viejo, aprendí que el corazón del negocio son los maestros cocineros, por lo que nuestros clientes pueden estar seguros que son los mismos de siempre, por lo que mantenemos la misma calidad, los sabores y el cariño de siempre», dijo.

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