No todo es Torre Eiffel, plazas de toros y Hyde Park: el Viejo Continente tiene también su lado freak
El euro y el dólar caen. El peso sube. Quizás llegó el momento de cruzar el charco y empaparse de cultura europea. «El turista chileno en general visita lo común: Madrid, Barcelona, París, Roma. Son pocos los que se atreven con otras ciudades», dice Isabel Zúñiga, de la agencia de turismo Color Travels (F: 6720193). Sea distinto, vaya a lugares realmente raros. Acá tiene una lista.
Aunque usted no lo crea
En pleno centro de Londres está el desopilante Museo Ripley. Lleno de rarezas, colecciones demenciales y extravagancias, en sus cinco pisos usted podrá ver cabezas reducidas, figuras hechas con chicles, un descomunal tiranosaurio que hasta pestañea, vacas con patas en el lomo y un sinfín de divertidísimas inutilidades. Si tiene tiempo, dese el gusto de mover la palanca para activar la silla eléctrica. Es una experiencia inolvidable.
Búnker en la punta del cerro
Budapest tiene toda clase de bellezas arquitectónicas. Tiene, también, una historia dolorosa vinculada a la Segunda Guerra Mundial. Por eso en Citadella, una hermosa edificación ubicada al frente del Templo de Buda, hay una estatua de la libertad. Y unos cañones rusos que liberaron la ciudad. Y un búnker nazi empotrado en el cerro, donde con figuras de cera, fotografías y restos de la guerra, se intenta jamás olvidar el oprobio del colaboracionismo.
Sexo con y sin amor
En un pasillo, un degenerado que muestra todo. En otro, una mujer gorda desnuda que se ríe como el demonio. Tras una escalera, decenas de chiquillas piluchas en cartas y películas en sepia. En la sala de allá, una variopinta selección de desviaciones. En la de acá, imágenes eróticas perturbadoras. Bienvenidos al Museo del Sexo de Amsterdam, donde la gente cansada puede sentarse en el banco-pene. Imperdible.
Llegar y tocar
Madame Tussauds es el nombre de los museos de cera más famosos del mundo. En Berlín está uno de los más nuevos. Ahí, entre políticos, deportistas, presidentes de todo el orbe y cantantes inalcanzables, el visitante puede pasear y manosear si gusta a sus ídolos, además de conocer el proceso creativo tras esas figuras que tienen pelo real hasta en los brazos. Salvo Hitler, tapado tras una vitrina para que no vuelvan a descabezarlo, el resto está al alcance del mortal que pague los $13 mil de la entrada.
Torturas en Praga
La capital de la República Checa tiene una interminable lista de museos raros. El de la Tortura es uno de ellos. En un edificio oscuro y frío, los creativos de esta colección reunieron tantos elementos para hacer sufrir como les fue posible. Mazos con púas, sarcófagos del dolor, guillotinas, jaulas deformantes, escenarios con empalamientos. Si queda con gusto a poco, camine dos cuadras y visite el de la Tortura Medieval. Y si sigue con gusto a poco, hágase ver.
Beatles en alemán
La historia de Los Beatles comenzó en los tugurios de St. Pauli, el barrio loco de Hamburgo, Alemania. Ahí, entre borrachos, mujerzuelas y hombrezuelos, los cuatro de Liverpool afiataron su estilo y pavimentaron el despegue. En el museo Beatlemania está buena parte de esa historia. Una batería, una guitarra, recuerdos, cartas originales, salones temáticos. El fanático quedará loco. A la salida, una tiendita, por si las moscas.


