Tenerlo cerca me da fuerza para seguir, dice el wing de Los Cóndores que ganaron el World Rugby U20 Challenger
Hasta un motorhome se consiguieron para que pueda viajar más cómodo, cuenta Rodrigo Benavente, quien se comunica a través de TOBII, un sistema que traduce sus miradas a palabras.
«Mi papá ha sido todo para mí, no sólo porque él también jugó rugby y me enseñó todo lo que sé. También ha sido mi gran hincha, que pese a su enfermedad nunca ha dejado de acompañarme», recordó Sebastián Benavente ese momento único en que desafiando todos los impedimentos pudieron llevarle a su padre hasta la cancha misma. «Ha sido difícil, porque es una situación que uno nunca quisiera vivir con alguien tan importante. Pero hemos tratado de enfrentarla juntos, apoyándonos siempre. El rugby también ha sido una forma de mantenernos unidos y de compartir momentos que para mí valen muchísimo. Tenerlo cerca, a pesar de todo, me da mucha fuerza para seguir», agregó.
Pese a su atrofia cada vez más severa, Rodrigo Benavente hoy puede comunicarse a través de TOBII, un sistema asistido que permite a personas con movilidad muy reducida hacerse
entender usando únicamente el movimiento de sus ojos. Gracias a esa herramienta, el «Mono Grande», como lo conocían desde sus inicios en la ovalada, pudo explicar qué sintió a sus 51 años con el logro de Sebastián, logro que los médicos le habían dicho que jamás vería porque desde que le diagnosticaron ELA se suponía que sólo viviría tres años.
¿Qué significó para usted que su hijo Sebastián le saliera rugbista?
«Tengo la suerte de tener cuatro hijos, tres hombres y una mujer, y todos salieron deportistas, lo que me hace inmensamente feliz. Mis tres hijos juegan rugby y cada uno lo vive a su manera, pero es una pasión que compartimos. Siempre ha sido importante para mí verlos felices, encontrando su propio camino. Ver a Sebastián con la camiseta de Chile ha sido un orgullo enorme para todos».
¿Cómo recuerda su época de rugbista?
«Tengo los mejores recuerdos de esa época. En el colegio entrenábamos todo el año para jugar el Seven de los Británicos y, muchas veces, los resultados no eran los que esperábamos. Pero disfrutábamos mucho jugar y compartir juntos. El rugby me dejó enseñanzas que sigo aplicando hasta hoy y, sobre todo, me permitió conocer a personas maravillosas que todavía me acompañan».
¿A qué edad le diagnosticaron su enfermedad?
«Los primeros síntomas comenzaron el 2019 cuando yo tenía 44 años. En esa época, yo aún entrenaba para jugar en el equipo Intermedia de Old Johns».
¿Qué implica para usted poder seguir acompañando a Sebastián a los partidos?
«Mis hijos siempre han sido mi motor. Poder acompañar a cada uno en lo que hace es muy especial para mí y me da fuerzas para levantarme y seguir luchando todos los días. Acompañar a Sebastián y a su primo Claudio Roa fue un sueño cumplido. Verlos cantar el himno de Chile y terminar jugando juntos la final del Challenger fue la guinda de la torta de una experiencia maravillosa».
¿Cómo se las arregla para poder llegar a los estadios?
«En nuestra familia y entre nuestros amigos, el deporte es parte de nuestra vida y lo vivimos a fondo. Cada fin de semana que juega nuestro querido Old Johns vamos a la cancha, llueva o haga calor. Para llegar a los estadios cuento con el apoyo y el cariño de todos, que siempre se organizan para acompañarme. Hasta un motorhome se han conseguido para que pueda viajar más cómodo. Ese apoyo hace posible que siga compartiendo esta pasión con ellos».
¿De alguna manera su hijo proyectó las cosas que a usted le quedaron por cumplir?
«Creo que eran otros tiempos y las oportunidades que tienen hoy los jóvenes son distintas a las que tuvimos nosotros. Yo fui inmensamente feliz con lo que viví en el rugby y Sebastián está escribiendo su propia historia. Lo único que espero es que sea feliz con lo que haga y que pueda alcanzar las metas que él mismo se proponga».


