Loguearse: acceder mediante identificación y contraseña a una computadora, a un sitio web o a un programa, red o sistema informáticos. Aquel verbo pronominal es una de las 330 nuevas palabras que incorporó el Diccionario de la Lengua Española (DLE) en su versión previa a la publicación de la 24ª edición, agendada para el próximo año.
La incorporación de nuevas palabras, explica Manuel Rubio Manríquez, sociolingüista del español, tiene su origen en lo dinámico que es el lenguaje y que es un instrumento que sirve para representar la realidad, en este caso, el acto de ingresar a un sistema a través de un usuario y una contraseña. Loguearse, detalla, es un préstamo que se hizo del inglés y se castellanizó.
«Creo que es importante que los diccionarios incluyan palabras nuevas porque la realidad es cambiante, al igual que las necesidades de los seres humanos y de las culturas. El mundo del siglo XXI no es el mismo que habitamos en el siglo XIX o en la Edad Media. Hay eventos, situaciones y características humanas que han ido cambiando y necesitan ser denominadas para poder organizar la realidad o tener distinciones que nos sirvan para actuar eficientemente y proactivamente», asegura el académico del Departamento de Lingüística y Literatura de la Universidad de Santiago (Usach).
Rubio aclara que la incorporación de palabras al diccionario no se realiza por un asunto de autoridad de la Real Academia Española (RAE), sino que es una necesidad que responde al uso y a una realidad. El diccionario, asegura, no funciona en términos de lo que es correcto o incorrecto, no da esa valoración, sino que describe el uso que los hablantes hacen de la lengua.
«Cuando los españoles arribaron a América, de hecho, descubrieron una serie de situaciones que tenían que nombrar, por ejemplo, chocolate, tomate y canoa. Entonces, tomaron el préstamo de ese lenguaje y lo incorporaron al léxico del castellano. Eso es lo que sucede actualmente frente a una realidad cambiante en términos de la tecnología y se incorporan palabras que pueden servir para denominar esas situaciones. Es un mecanismo que tradicionalmente se ha usado y que el castellano ha incorporado del francés, del mapudungun, de las lenguas mayas, etcétera», finaliza Rubio.