La senadora Ximena Rincón lidera campaña para inmortalizar a la escritora
-A los críticos no les gusta.
-A algunos críticos no les gusta, pero eso también tiene que ver con cierta falta de modestia. En la carta que le mandamos al ministro Joaquín Lavín respaldando el nombre de Isabel Allende, recogí una frase de Ximena Torres Cautivo: «Algunos piensan que premiarla es como darle un premio de música clásica a Madonna».
-No sé si la comparación sea buena para Allende .
– Allende despierta pasiones, a algunos les gusta y otros creen que no corresponde que reciba el premio, porque no califica en los estándares que tienen esos críticos. Pero vender 51 millones de copias no es fácil.
-La canción «Macarena» también vendió millones de copias.
-Sí, pero estamos hablando de lectura, no de música. Insisto, creo que Isabel ha sido capaz de escribir sobre temas diversos con una pluma que es atractiva. Eso es un mérito. Ella ha escrito de diversos temas usando ironía en sus juicios, merece ser reconocida.
-¿Por qué la encontrarán indigna del Premio Nacional?
-Falta de humildad, machismo, soberbia… no voy a agregar más, sería caer en lo mismo que estoy criticándoles a los críticos. Allende tiene peso. Me da pena que una escritora nuestra haya encontrado afuera lo que acá no ha encontrado.
-¿Se pasan de listos los críticos? Dicen que el arte hay que masificarlo y cuando se masifica, lo desprecian.
-La opinión de ellos no zanja lo que uno hace o escoge en la vida.
-¿Su libro favorito de la autora en cuestión?
-«La Casa de los espíritus», que es su clásico. También «Paula», «Eva Luna». La verdad es que me gustaría haber leído todo de Isabel Allende y no lo he hecho, probablemente por falta de tiempo. Mi hija Valentina sí los ha leído todos.
-¿Si Isabel Allende fuera Isabelo Allende, usted estaría en esta campaña?
-Algunos dicen que si fuera Isabelo no habría discusión sobre si merece o no el premio. Ya se lo habrían dado.
51 Millones de ejemplares en total ha vendido la escritora con sus 11 novelas y dos libros de cuentos.
«Ser mujer es argumento para obtener cualquier cosa»
Hermógenes Pérez de Arce
Como Hermógenes Pérez de Arce la tiene clara y sabe de estilos literarios, critica sin pudores la nominación de Isabel Allende al Premio Nacional de Literatura. Según el abogado, periodista y escritor, más que por su calidad artística, las consideraciones hacia la autora de «Paula», tienen que ver con el momento de las mujeres en Chile y con sus afinidades políticas.
«Ser mujer es actualmente un buen argumento para obtener cualquier cosa y, por cierto, también el premio», lanza. Luego asegura que «como este reconocimiento tiene que ir a un escritor de izquierda y ya casi todos los que hay lo han recibido, las posibilidades de ella aumentan».
-¿Pero qué le parece a usted?
-Yo la considero una escritora corriente y, habiendo solo leído hasta la página. 70 de «La casa de los espíritus», que dejé por aburrimiento. Pienso que puede haber otros con más mérito literario. Pero, claro, no se apellidan Allende.
Se acaba el tiempo
Las inscripciones para el Premio Nacional de Literatura se cerrarán recién el 21 de julio, por lo que en el Mineduc prefieren mantener la reserva de los autores. No hay requisitos excluyentes para los postulantes, salvo que para su otorgamiento cada dos años se considera la calidad del conjunto de la producción de un autor, sin discriminación de los géneros de su especialidad.
Drina Rendic
«¿Quién dice que calidad y best seller no van de la mano?»
Fiel a lo que propugnaba el propio Sebastián Piñera cuando era candidato, Drina Rendic, quien fuera uno de sus pilares culturales en los grupos Tantauco, insinúa que hay que democratizar la cultura.
¿Merece Isabel Allende el Premio Nacional? Drina solo se remite a decir que estos reconocimientos «deben considerar también la opinión de las audiencias». Para el caso de Allende agrega que «las audiencias han vaticinado que ella es merecedora de un premio como este».
-Hay quienes postulan que sería mejor hacer el premio «best seller»…
-¿Quién dice que la calidad artística y un best seller no van de la mano? Son opiniones. Y si hay suficiente gente que compra una obra literaria o va a ver una película, o compra el cuadro de cierto pintor, eso quiere decir algo. Las audiencias son grandes jueces de la calidad de una obra.
Armando Uribe echa pericos y le responde a la candidata Allende
«Yo no debería llamarla señora»
Armando Uribe, abogado y poeta de la generación del 50, también fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura en el 2004. Por esta razón agrega reflexiones sobre el inusitado interés político en la candidatura de la escritora Isabel Allende al galardón de este año.
-Políticos y ex presidentes apoyan a Isabel Allende al Premio Nacional. ¿Qué le parece?
-¿Qué capacidad tienen de juzgar una obra literaria?. Que se metan en esto es ridículo y grotesco. Somos el hazmerreír de las personas cultas del mundo. Esto demuestra la decadencia cultural que tenemos en este país, consecuencia del neoliberalismo capitalista de mercado. Lo hacen solo para aplaudirse ellos mismos, para figurar.
-Sus defensores destacan sus méritos artísticos y que es muy leída.
-He hablado tanto de esto. Hoy (ayer) sale una larguísima entrevista a la señora Allende Llona (en la revista «Ya») criticándome, porque hace ocho años dije que es una persona que escribe libros para el mercado. Esto no es solo opinión mía. Hay grandes críticos internacionales que han rechazado todo valor literario de esta señora, que no debería llamarla señora.
-¡Don Armando!
-Es que me parece tan ridículo que me nombre como su enemigo. Bueno, me alegro de ser un «señor».
-«La histórica postergación que sufren las mujeres de este país», dice su carta de apoyo.
-¿Y qué? ¿Ella reprersenta a todas las mujeres de Chile? Hay muchas que han escrito libros, algunas reconocidas con el premio nacional, y hay muchas otras superiores a Allende Llona.
La hora de los mamacallos
Gane quien gane, es probable que el premio no tenga efecto alguno en las nuevas generaciones.
La víspera de la entrega del Premio Nacional de Literatura es lo más parecido a la Fiesta de la Primavera en pleno invierno. Las alianzas inscriben a sus representantes y hacen campaña durante algunas semanas. Hay apoyo de asociaciones, universidades, centros culturales y, como se ha visto, también de parlamentarios de todas las estofas que públicamente exponen las gracias de uno o de otro. Todo, por supuesto, con el consenso ridículo, escolar y mamacallos que una vez le corresponda a alguien que escribe para abajo y otra, como es ahora, a uno que lo haga hacia el lado.
De los candidatos actuales, sólo he leído «De amor y de sombra», de Isabel Allende; «Basuras de Shanghai», de Germán Marín, y pare de contar (pueden llamar a la Policía Literaria Nacional si consideran que he cometido delito). En cualquier caso, tanto ellos como los otros candidatos más de un mérito deben tener.
En estos días, por lo demás, asistiremos a apelaciones para todos los gustos, aunque siempre terminen en el esfuerzo por imponer aquello que consideran debe ser la buena literatura: que la trascendencia, que la renovación del lenguaje, que las estructuras y las formas y las epifanías y la identidad y vamos haciendo clases de teoría literaria arriba de la micro. En tanto que los que no pueden, los que no saben o no se han preocupado de saber, echan encima argumentos empresariales como los cientos de miles de libros vendidos en cientos de miles de países.
Gane quien gane, es probable que el premio no tenga efecto alguno en las nuevas generaciones. Nadie escribirá mejor si es electo tal o cual candidato. A lo sumo aumentarán un poco las ventas (lo que permitirá a la editorial vencedora arriesgarse con autores poco comerciales sin tanta culpa) y, como pasó cuando el Chino Ríos fue uno del mundo, habrá más niños con raquetitas en las plazas o más adolescentes peinados tipo «esquelón de borrachilla», en homenaje a nuestros seleccionados de fútbol.
Quizás hasta sea mejor que se lo den a Isabel Allende. Al menos habrá más posibilidades de que done el dinero para que se implemente alguna biblioteca de por ahí y, con la pensión mensual vitalicia, pague el sueldo de algún valiente bibliotecario.


