Casi de casualidad, notó que Blanquita les ayudaba a sus pacientes a relajarse
Ya en los años 60 se estableció que muchos niños se abrían más si había un animal presente en la terapia.
La perra Blanquita llegó a la vida de Valentina Elgueta (28) antes de que debiera enfrentar uno de los momentos más duros de su vida: ocho meses después de recibirla, su papá falleció de forma inesperada y brusca. «Me encontré enfrentando un duelo profundísimo», recuerda. Como si fuera poco, gran parte de su familia decidió irse al extranjero, así que se quedó prácticamente sola en Santiago.
«En ese momento la presencia de Blanquita se convirtió en mi mayor sostén emocional», establece.
Valentina, quien entonces estudiaba Psicología, encontró en Blanquita un ancla cuando todo a su alrededor se desmoronaba. «Tener a cargo una mascota significa también tener que seguir funcionando, seguir sacándola a pasear, seguir recibiendo y entregando amor, y creo que esa compañía fue indispensable para todo ese proceso de duelo».
Pronto su perrita la acompañaba hasta la universidad y a subir cerros.
Vínculo especial
Cuando Valentina partió a Australia con una visa Working Holiday, la separación fue un sacrificio mayor. «Estuve un año y medio lejos de ella y me la sufrí toda. Volví a Chile principalmente para reencontrarme con Blanquita», admite.
De regreso en Santiago retomó su consulta clínica y, casi sin planearlo, Blanquita pasó de ser su apoyo emocional a convertirse en una pieza clave en la terapia de sus pacientes.
«La primera vez fue durante la pandemia, con un niño de 6 años que tenía mutismo selectivo. Él no me hablaba, pero sí se enganchó de inmediato cuando vio a Blanquita por la cámara. Jugábamos como si nuestros perros se comunicaran y así empezó a soltarse. Fue increíble», rememora.
Ese episodio marcó un punto de inflexión. «Me di cuenta de que Blanquita podía generar un vínculo especial con los pacientes, que podía ser un puente emocional», explica.
Hoy la bulldog francesa actúa como una especie de coterapeuta en sesiones presenciales específicas. «Hay muchas personas a las que a veces les cuesta un poquito más vincularse con un humano. Que la Blanca esté presente nos facilita mucho ese proceso».
Apoyo terapéutico
Según Elgueta, atender consultas junto a mascotas no es algo al azar. En los años 60, el siquiatra Boris Levinson descubrió que los niños con dificultades emocionales se abrían más fácilmente cuando había un perro presente en la terapia.
«Desde entonces, numerosos estudios han respaldado lo que muchos hemos sentido de manera intuitiva: los animales pueden ser un gran apoyo emocional y terapéutico. Hay investigaciones que demuestran que el contacto con los perros reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumenta la oxitocina, que es la hormona del apego y el bienestar. También se ha visto que tener una mascota puede disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejorar el estado de ánimo y reducir la sensación de soledad».
Cuando hay un perro en el espacio terapéutico, afirma, el ambiente cambia: «La terapia se vuelve más cercana, más humana y muchas veces más efectiva. Personas que tienen dificultades para expresar lo que sienten encuentran en la presencia de un perro un puente que les permite abrirse con más facilidad. He visto cómo beneficia especialmente a adolescentes o a personas con ansiedad, para quienes la simple compañía de Blanquita transforma el proceso de sanación en algo más llevadero y seguro».
Uno de los nichos de Elgueta son las personas que migran o viven en otro país, en gran parte por su experiencia durante la Working Holiday. Más info en su Instagram @viajandohaciaadentroo (https://acortar.link/KxbjFe).
¿Blanquita no ladra cuando a usted le están contando algo?
«No, cero. Generalmente cuando mis pacientes llegan ella los saluda, hay mucho contacto con ellos, y después se instala en el sillón al lado. Durante casi toda la sesión se queda ahí, mientras le hacen cariño o los mira. Si de repente se emocionan, ella se acerca más. Cumple un rol de coterapeuta, por así decirlo».
¿Cómo reacciona si alguien llora muy amargamente?
«No me ha pasado todavía en sesión, así que te mentiría, pero conmigo al menos cuando he llorado mucho, ella inmediatamente se acerca y trata de lengüetearme las lágrimas. Está súper pendiente de mí, muy cercana».
¿Y hay pacientes que le dicen prefiero que no estés con Blanquita?
«Por el momento no me ha pasado, pero antes de presentarla evalúo a los pacientes. No es que lleguen a la primera sesión y ya estén con ella, sino que después de una evaluación veo si su compañía les podría hacer bien o no».


