Durante 12 años manejó vehículos ajenos; el suyo tiene hasta nombre: Pinky Man
¿Conviene comprarse hoy un vehículo de carga? Transportistas sacan cuentas.
Silvana Riquelme lleva más de 15 años al volante, recorriendo rutas y transportando carga. Hace tres años y medio compró su propio camión, y entonces empezó a rondarle una idea que venía postergando: pintarlo de rosado. «Siempre me gustó, desde chica me encanta. Uso ropa rosada y tengo accesorios rosados, pero no me había atrevido con el camión porque iba a ser muy llamativo: que una mujer sea la chofer ya llama la atención, entonces imagínate con un camión rosado».
Tras muchas dudas, presupuestos y vueltas, finalmente lo hizo realidad. Un factor prevaleció por sobre el resto: era propietaria. «Fui chofer con sueldo por 12 años y después di el salto a tener el camión propio. Fueron hartos cambios: pagar IVA, la renta, el petróleo y las cuentas en vez de sólo recibir el sueldo. Igual ha mejorado mi calidad de vida ahora que el camión es mío», recalca.
Para pintarlo, el camión fue ploteado y, como no podía dejar de trabajar, organizó el trabajo en etapas: «Se lo dejé al taller una semana completa, después salí a una pega y lo llevaba los fines de semana». En total el proceso duró unos diez días y costó $2 millones. «Uno cuando quiere hacer un cambio sabe que le va a salir plata. Ya estaba preparada para eso», asume con naturalidad.
Silvana bautizó al vehículo como «Pinky Man» y suele compartir videos mostrando su rutina de trabajo. «Cuando voy manejando la gente no me ve porque está polarizado, así que miran más al camión que a mí. Pero igual me dicen ¿usted anda en el camión rosado?. Yo les digo que sí, buena onda nomás», cuenta (@silvana_enruta, https://acortar.link/gzuhLM)
Me imagino que comparan el camión rosado con Naya Fácil.
«Sí, me han dicho y me carga; me considero una mujer súper trabajadora y no me gusta que nos pongan en la misma bolsa solo porque coincidimos en el rosado. Me comparan por el color, pero yo soy de otra generación, de la Luli. Siempre quise tener un camión rosado, antes incluso de que ella fuera conocida. Cuando era chofer no podía hacerle nada al camión, pero ahora que es mío lo pinté como yo quería. No fue por copiarle a nadie».
El negocio propio
En 2105, cuando Carlos Escobar compró su primer camión, tenía 36 años y 12 de experiencia como conductor asalariado. «Fue un sueño cumplido», recuerda. Esa máquina no solo significaba independencia, dice, también era la prueba de que su esfuerzo estaba dando frutos. Con los años su empresa creció y llegó a tener una flota de 87 camiones, trabajando con grandes compañías e incluso en el rubro minero («trabajaba de lunes a lunes»).
Hoy mantiene 39 camiones operativos entre Arica y Santiago. Aunque el contexto ya no es el mismo, su empresa sigue activa y además organiza el evento TruckFest Chile, que el año pasado reunió a más de 13.000 personas y 700 camiones. «Traje camiones de Brasil, Ecuador, Colombia, España y México. Fue el evento más grande de Sudamérica», asegura.
Uno de sus vehículos más llamativos es un Scania R500 completamente personalizado, con suspensión a piso, audio de alta gama e iluminación profesional. «He salido a Brasil a competir por Chile. Hemos ganado todos los premios: el camión más logrado, el más iluminado, el más a piso», destaca. Escobar también tiene un Yacaré de 1980 restaurado desde cero: «Es el único en Chile en esas condiciones».
¿Hoy conviene comprarse un camión propio?
«No, no es el momento. Creo que a todos nos llega la oportunidad de tener un camión, pero hoy no es rentable como antes. Ha cambiado todo: el precio de los neumáticos, los repuestos, el aceite. Y las tarifas que están pagando las empresas son bajas. Antes cobrábamos $150.000 de Santiago a Viña, ahora hay empresas que te lo hacen por $80.000. Así no hay cómo competir».
¿Cómo se compara ser dueño con ser chofer?
«Ser dueño es estar las 24 horas pendiente. Aunque tengas a alguien a cargo, nunca dejas de estar metido. En cambio, cuando eres chofer revisas el aceite, el aire y sales a trabajar; a fin de mes recibes tu sueldo y listo. Es más fácil, más libre. Pero claro, cuando el camión es tuyo puedes hacerle miles de cosas. Pintarlo, plotearlo, cambiarle todo. Eso también tiene su gusto».
A cargo de todo
Carlos Cortés lleva años en la ruta como camionero internacional. A diferencia de colegas que han optado por independizarse, él ha preferido mantenerse apatronado: el panorama ha cambiado demasiado, confirma, y no conviene endeudarse para asumir gastos que antes eran manejables. «Hoy el precio de los fletes ya no alcanza. Muchas veces, el camión ni se paga», lamenta.
Ser dueño de un camión implica hacerse cargo de todo: combustible, peajes, mantenciones, imprevistos. «Un neumático chino te vale 400 o 450 lucas. Si pasa algo, tienes que sacarlo tú del bolsillo», recalca. Y si un cliente se atrasa con el pago, no hay a quién reclamar («debes tener colchón, porque igual hay que seguir trabajando»). El problema, agrega, es que los costos suben mientras las tarifas bajan. «Antes un viaje a Punta Arenas costaba 12 mil dólares. Ahora lo están pagando en 8 mil».
Cortés ha recorrido buena parte del continente transportando salmón, pasando por Brasil, Paraguay, Perú y Uruguay. Los trayectos duran semanas y, aunque reconoce que tener un camión propio permite personalizarlo y generar más, también exige una red de respaldo y una estabilidad que pocos gozan. «No es que no quiera tener uno. Pero con los precios como están, es mejor seguir como estoy. Para meterse en letras hay que estar muy bien parado».


