Ximena Vial Lecaros, autora del libro Cuatro crímenes de mujeres que estremecieron Chile
La doctora en Historia describe cómo era el país cuando murieron Carmen del Pino, Rebeca Larraín, Alice Meyer y Fernanda Maciel.
En lugares como Nahueltoro y Valparaíso es fácil encontrar animitas que les rinden culto al Chacal de Nahueltoro o a Emile Dubois respectivamente. Ambos asesinos múltiples, se convirtieron en personajes populares.
Pero con Carmen del Pino, quien le dio muerte a su marido tras una vida de violencia, cuenta Ximena Vial Lecaros, doctora en Historia de la Universidad de Birmingham, la sociedad fue menos indulgente: su desobediencia matrimonial y quejarse constantemente de los golpes o de la borrachera de su esposo, decían a mediados del siglo XIX, hacían que no mereciera ni la compasión de las monjas, que constantemente salvaban del fusilamiento a las condenadas a muerte. Carmen del Pino no merecía nada.
Para retratar la historia de violencia hacia las mujeres, que ha estado influenciada por los contextos políticos y sociales de distintas épocas, Vial (en Instagram es @historiadicta) acaba de publicar el libro «Cuatro crímenes de mujeres que estremecieron Chile», de editorial Aguilar, donde describe en qué circunstancias ocurrieron las muertes de Carmen del Pino, en 1854; de Rebeca Larraín, en 1934; de Alice Meyer, en 1985; y de Fernanda Maciel, en 2018.
¿Cómo llegaste a estos casos, Ximena?
«Hace unos años me encontré con el libro que escribió Inés Echeverría, la mamá de Rebeca Larraín, que es la víctima del segundo capítulo. Ella escribió ese libro para hacerle justicia, porque conocía perfectamente cómo era su marido y la violencia que vivió su hija dentro del matrimonio. Es súper interesante porque Inés Echeverría siempre escribía con seudónimo y este libro, que se llama Por Él, es el primero que escribió con su verdadero nombre porque necesitaba revelar una verdad en una época en la que las mujeres no tenían mucha cabida. Así partió todo».
¿Cómo era vista la mujer en el siglo XIX?
«En términos legales, por ejemplo, la mujer no tenía legalidad. Requería tutoría siempre y era tratada como un menor de edad en la actualidad, primero por el padre y después por el esposo. Para algunas cosas no tenía poder, no podía tomar decisiones, pero para otras era considerada adulta, como pasó con Carmen del Pino, obligada a casarse cuando tenía 15 años. Su padre la vendió a alguien 20 años mayor que ella. Todos sabían que a Carmen la golpeaban porque él lo hacía públicamente».
¿En qué se parecen los cuatro crímenes?
«El hilo conductor es la misoginia, una palabra que da miedo y de la que aún hay desconocimiento. Tengo un amigo muy querido, muy inteligente. Una vez me preguntó genuinamente qué es la misoginia porque él sabía que no tenía que ver con odiar a las mujeres. Decía que eso no le hacía sentido».
¿Puedes explicarlo en fácil?
«Es el ambiente en el que crecemos, donde todas las características asociadas a la mujer son menos valoradas en la sociedad. Incluso los hombres que muestran características asociadas a lo femenino son más despreciados. Eso tiene que ver con la misoginia».
Como un desprecio.
«Sí, es más profundo que un odio. El odio es más obvio, la misoginia es profunda muchas veces. Ese es el hilo conductor del libro. Vivimos en un mundo donde hay mucho desprecio por lo femenino, tanto por el oficio femenino como por la vida íntima femenina. El libro trata de mujeres desprotegidas, en distintos contextos, con distintos momentos históricos».
El caso de Carmen del Pino y Fernanda Maciel se parecen.
«Son como fotografías: una está en blanco y negro, porque es de 1854 y la otra a colores. En ambos casos hubo mucho cuestionamiento social, con Fernanda Maciel no de manera tan explícita, pero finalmente todo apunta a cómo ellas merecían ser cuidadas, buscadas o ajusticiadas si tenían conductas de riesgo, por así decirlo. Fernanda Maciel fumaba, no era de una clase acomodada, salía de noche embarazada, se ponía el acento en esos aspectos; y Carmen del Pino tenía amantes, se revelaba contra su esposo y quiso separarse. Eso primó en su juicio antes que su historia de violencia en el matrimonio».
¿Qué reflexión haces sobre el crimen de Fernanda?
«Hay algo positivo y negativo. Lo positivo es que hay personas trabajando en el sistema de justicia, personas que hacen muy bien su trabajo. Hablo de personas y no del sistema en general. La Fiscalía logró obtener justicia y lo hizo con perspectiva de género. Una muerte que se desencadenó porque el asesino, que era su vecino y amigo de toda la vida, tenía rabia porque Fernanda no lo tomaba en cuenta. Esa era la razón, no podía tener poder sobre su víctima. Lo negativo es que desencadenó nuestra pulsión. Ahí yo me incluyo».
¿Qué pulsión, Ximena?
«Lo que hacemos siempre con nuestras hijas es enseñarles el manual de sobrevivencia, que todas las mamás y papás le enseñan a sus hijas con mucho cariño. Eso tiene que ver con pedirles que tengan cuidado, que no confíen tanto en los hombres, que no usen poca ropa en la noche, que no camine en calles oscuras, que no sea patuda con su colega porque puede pensar mal y un montón de cosas que las mamás enseñamos a nuestras hijas. Todo lo que uno enseña para prevenir y que por supuesto no exime de ser una víctima».


