Con Raquel Argandoña hemos tenido buenas y malas. La peor fue cuando opiné que se quería quedar con el puesto de Tonka Tomicic en el «Buenos días a todos». Dos años y 10 meses después, el tiempo no parece muy interesado en desmentirme: Tomicic se fue de la red estatal, mientras doña Raquel sigue laburando en el matinal de la discordia, no sin antes haber tenido un intenso paso por Canal 13 («La movida del festival», «Vértigo», «1810» y «1910»).
El mejor momento de nuestra relación tiene que ver con lo bien que lo ha hecho en su segunda etapa en el «Buenos días» y con mi consiguiente y noble reconocimiento de esa realidad. De hecho, ignoro qué fuerzas ocultas impiden que mi profecía se cumpla cabalmente y ella termine de asumir la vacante que dejó Tonka, que permanece vacía hasta hoy en cuanto a jerarquía televisiva. Es como cuando uno ve nuestro fútbol y concluye que el reemplazante de Leo Rodríguez en la «U» no fueron paquetes como Cabrol, Arilson o el paraguayo Ávalos, sino Walter Montillo, que llegó recién una década después.
Por eso, porque me interesa su caso de verdad y porque de tanto verla he llegado a estimarla, he estado reparando en una seguidilla de rupturas, tanto a nivel de pareja como de amistades, que paso a consignar.
Primero se separó de Hernán Calderón y casi simultáneamente se comenzó a trizar su hasta entonces sólida amistad con Ítalo Passalacqua, cuando él tomó parte por Calderón, abogado del opinólogo.
Con su otrora entrañable Gonzalo Cáceres nunca más se la vio. Y algo me dice que eso incidió en el notorio ostracismo en que quedó sumido el esteta de los «in & out».
Terminó el que parecía un eterno idilio con Óscar «Lolo» Peña. De lo contrario, no desclasificaría episodios de él como contar que una vez le aforró a Alfredo Lamadrid, en los locos años 70.
Le quitó el piso groseramente a Patricia Maldonado al decir en su entrevista con Kel que no tiene amigas en la televisión. Feo. Si alguna pareja de amigas existía en la televisión chilena era ésa. La Vicky y la Gaby II. Hicieron radio juntas y hasta cafés-concert. Una pena la desconocida que le hizo Raquel.
Después dejó plantado a un desolado Willy Geisse y le aguó su celebración de 30 años de carrera. La chiva de turno fue que a su hija le sacaron las cuatro muelas del juicio y tenía que cuidarla (no, Raquelita no tiene 10 años, sino 19).
Y ahora se echó encima en una misma semana a los ecologistas por usar una piel natural de zorro en pantalla (y no arrepentirse ni siquiera de la boca para afuera) y a su mayor aliado en el «Buenos días a todos» y padrino televisivo, Felipe Camiroaga, al tratar pésimo a la invitada de honor del halcón el jueves, María Eugenia Larraín, por quien Felipe siempre se ha derretido.
Ahora sólo falta que Kel se vaya a vivir con Schilling y que Hernancito entre con todo en la edad del pavo para completar un cuadro de soledad perfecta. Ojo, señora, ¿no ha escuchado eso de que más vale tener amigos que tener plata?


