Investigadores dieron con el remedio para los fanáticos de la comida fuertona
El sulfuro de metilo arílico es el componente que provoca el mal olor bucal y la fuerte sudoración.
¿Alguien se puede resistir a un bistec, a un corte parrillero adobado con ajo o al rico guacamole, que también lleva ese ingrediente? Muy pocos, a pesar del enorme costo social que genera el aliento post comilona. Secretos para combatir ese olorcillo en la boca, hay muchos, pero su efectividad es dudosa. Esta vez, según una investigación de científicos de la Universidad de Ohio, Estados Unidos, la solución está al alcance de la mano, más bien del refrigerador.
Los de Ohio descubrieron que beber un vaso de leche (200 ml.) puede reducir en 50 por ciento la presencia del más perverso de los componentes del ajo, el sulfuro de metilo arílico (AMS), ese que no se puede descomponer durante la digestión y que necesariamente debe ser eliminado por el cuerpo a través de la respiración y el sudor.
Las conclusiones, que fueron publicados en el «Journal of Food Science», indican que los mejores resultados se obtienen si los comensales beben la leche junto a su comida, y no después. Así, «aumenta el efecto de desodorización y permite enmascarar el olor que expele el ajo ingerido en la comida».
El experimento fue practicado en varios golosos que, como si nada, comieron dientes de ajo picado y que incluso después de lavarse los dientes quedaron con el característico tufillo al condimento. Luego, los que fueron sometidos a la terapia del vaso de leche, quedaron con casi nada de aroma a ajo, mientras que los que no, seguían pasados.
La profesora Sheryl Barringer, quien llevó adelante el estudio, cree que la investigación demostró que la grasa de la leche «suprimió las propiedades químicas del sulfuro que contiene el ajo». Según ella, este vegetal se utiliza desde hace miles de años por ser rico en vitamina B6, C y selenio. «Ayuda a bajar la presión arterial y el colesterol. Además, reduce el riesgo de cáncer, pero es un problema consumirlo, pues el olor puede permanecer en el cuerpo por algunas horas y hasta por días».
¿Puro camuflaje?
Julio Cárdenas, médico internista del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, cree que lo único que aporta la leche es camuflar el aliento. «Si existiera una proteína que actúe como una enzima que logre romper las uniones químicas, podría eventualmente tener ese efecto de disminuir el olor del aliento o el sudor de los que comen ajo», dice y precisa que en Chile no se maneja en forma técnica información respecto de los suprapoderes de la leche. Las técnicas como el jugo de limón, las ramas de perejil, los chicles y las pastillas de menta, juegan un rol más que modesto. «En todos estos los casos, lo que se hace es enmascarar un olor con otro».
Al margen de los estudios están los fanáticos del ajo. Jessica Pereira es ingeniera y confiesa consumirlo siempre. «Es sabroso y saludable. Y lo mejor es buscarse marido o pololo que también sea bueno para los condimentos y para el ajo. Nunca habrá problemas. Al contrario, es un placer cocinar poniéndole sabor a las cosas».
-200 ml. de leche durante la comida es la recomendación.
-Matías Solá lo revela
Secreto para no quedar pasado
El chef Matías Solá tiene claro el impacto del consumo de ajo a nivel de las relaciones humanas, pero su listado de secretos para atenuar los olores es amplio. «No solo la leche sirve, también un trago de limón recién exprimido, una cucharada de miel y la clásica ramita de perejil o apio».
Además, cuenta con una ténica que no falla y que está al momento de cocinar. «En todos los restaurantes donde se ocupa harto ajo, se le extrae el centro, que es como un brote, y así se elimina en gran parte el olor en preparaciones como salteados, comida oriental o en bife chorizo al ajo», revela. Los pasos son: pelar el ajo, sacar la primera piel, partirlo a lo largo y quitar el brote verde.
-«Y nadie se queja del olor»
Chinos mascan té o chicle
Li Baozhang es el consejero cultural de la embajada de la República Popular China en Chile. Él confirma que en su país son grandes consumidores de ajo y que el hálito resultante no es problema. «Nadie se queja del olor en un país donde todos lo comen, pero para aliviar o quitar se puede comer o mascar hojas de té», explica Baozhang.
Un cepillado doble o mascar chicle es la técnica chilenizada de Run Fang Chen, la chinita del desaparecido programa «Rojo»: «Como ya vivo en Chile he tenido que moderar el consumo. Y cuando consumo me cepillo más de una vez los dientes o como chicle. Además, trato de no comer en el día, solo en la cena». Ella cuenta que casi todos los platos que preparan en su casa llevan ajo y que lo comen por sabor y porque «no te da mucha enfermedad, como la fiebre». Pese a sus prevenciones, más de algún amigo la ha molestado por su aliento.


