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Autor de la Foto: FRANCISCO CRESPO
Educadora de párvulos creó documento que debe ser ratificado también por los papás
El acuerdo establece normas y recompensas. Por ejemplo, ordenar la pieza da derecho a andar en bicicleta. «Los niños se crían mucho más seguros, con autocontrol», dice la profesora Valentina Alvear.
Washington Guerra
Si ordenar a sus hijos cuando ya se extinguen las vacaciones y ponerlos en «modo colegio/jardín» se le está haciendo difícil, ponga atención a un tierno contrato ideado por Valentina Alvear, educadora de párvulos y profesora de Enseñanza Básica. Ella creó un documento de buen comportamiento infantil con normas y recompensas que, dice, hace sentir importantes a los menores de edad. Debe ser firmado por ambas partes, papás y niño, y lo puso en práctica con un curso de kínder y otro de pre kínder de un colegio de Quilicura.
¿Cómo se hace?: en una hoja de papel ponga a la izquierda una columna de normas y a la derecha otra de recompensas. Abajo irá la firma del menor y de sus padres. No se preocupe si su pequeño aún no se domina con las letras: él entenderán el sentido del documento. Alvear explica que el contrato «consiste en crear una serie de normas que, según la edad, los padres pueden poner: hacer sus tareas, ordenar sus juguetes, hacerle caso a la profesora, etcétera. Y en base a eso crear recompensas como jugar cuando quieran, ver tele cuando quieran, tener acceso a las cosas electrónicas». Por ejemplo, la recompensa para la norma «jugar sin pelear» podría ser «salir a jugar con mis amigos». O «limpiar la pieza» dará derecho a «andar en bicicleta».
En el refri: las normas no deben ser más de cuatro: «El contrato debe ser puesto en un lugar visible, donde los niños puedan verlo. Los chicos se crían mucho más seguros, con autocontrol. El niño entiende mejor cuál es su rol y cómo debe comportarse porque es lo que los papás le van reconfortando con cariño, amor y palabras de afecto», agrega Alvear, actual editora de Caligrafix, la editorial tras los cuadernos «Verano de aventuras» para que los menores repasen jugando lo aprendido en clases (Jumbo, $3.990).
«No pudo echar pie atrás»: Andrea González, aconsejada por su sicóloga, probó el método con su hijo de 11 años que sufría de déficit atencional. «Lo firmamos los dos y lo pegamos en la puerta de su pieza, cosa de tenerlo siempre a la vista y para recordarle a diario a lo que él se había comprometido a cumplir en materia de estudios», narra. «Me funcionó, ya que, al firmarlo, no pudo echar pie atrás y gracias a ello pudimos mejorar la rutina de estudios y todo lo relacionado al colegio, dejando atrás los gritos y peleas que, hasta antes de firmar el acuerdo, eran pan de cada día», dice.
Abogado lo aplaude: el abogado Eduardo Cereceda, de Abogadojuiciofamilia.cl, aplaude la idea de este contrato infantil. «Los contratos son para cumplirse. Sobre esa base, si hay buena disposición de ambos (padres e hijo), obviamente le va a ayudar al menor a ordenarse y a aprender a respetar los compromisos, y eso es buenísimo para el colegio, para la sociedad y para todos», comenta.
Se pierde autonomía: María Paz Ubilla, docente de la Facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado, dice que «no estoy de acuerdo. Aunque (el contrato) sea ficticio, la relación entre padres e hijos debe ser fundada en confianzas y compromisos con la posibilidad real de la equivocación o el no cumplimiento, ya que esto permite a los padres conversar e ir formando junto a su hijo el código de comportamiento y actitudes válidas para esa familia y contexto».
* Si quiere conocer más claves de cómo educar a su hijo, visite http://www.serpadres.es/familia/vida-en-familia/educar-hijo-familia.html


