Cristián Merello compitió en olas de entre 9 y 17 metros
No supe si fue la tabla o la ola misma la que me golpeó en la espalda, pero la fuerzadel impacto fue tan grande que decidí ponerle fin a la sesión, contó Merello.
Cristián Merello (40), oriundo de Pichilemu, es uno de los principales surfistas chilenos, especializado en olas grandes, clasificado entre los diez mejores del mundo en el circuito Big Wave Tour 2016-2017 de la World Surfing League. «Fue una experiencia increíble competir contra los mejores del mundo en algunas de las olas más grandes y desafiantes, en lugares icónicos como Maui, Hawái, Nazaré, en Portugal, Puerto Escondido, en México, y Maverick en California. Este circuito existió solo hasta 2018, pero dejó una huella importante en mi carrera», recuerda.
Ahora está en Oahu, Hawái, como competidor alternativo en uno de los eventos más emblemáticos del surf: el Big Wave Invitational Eddie Aikau, en Waimea Bay, en North Shore, donde se enfrentó a olas gigantes, causadas por una gran tormenta en el Océano Pacífico Norte, y que hace unos días incluso azotaron las costas chilenas. «Se podría decir que el tamaño de las olas, en general, era de entre 9 y 17 metros de cara de la ola», explicó el deportista auspiciado por Vans.
«Durante esta gran marejada, las olas alcanzaron un mínimo de 20 a 30 pies (aproximadamente 6 a 9 metros) de altura en la mayoría de las zonas, con algunas olas incluso superando esa altura en ciertos picos. Estas olas fueron parte de un sistema de tormenta que generó condiciones extremadamente poderosas, con un período de 25 segundos, lo que significa un mar con mucha energía, algo que es muy característico en las olas gigantes de esta magnitud», agregó.
¿Esto es normal?
«No, no es normal. Para eventos como el Big Wave Invitational Eddie Aikau, las olas deben tener un mínimo de 20 pies (aproximadamente 6 metros) de altura para que se lleve a cabo el campeonato. Sin embargo, las condiciones que generaron estas olas de hasta 56 pies (17 metros) fueron excepcionales. El evento de Waimea Bay, que se realiza desde 1986, solo ha tenido lugar en diez ocasiones, contando la edición de 2024. Esto resalta la rareza de este tipo de marejadas tan poderosas. Las olas de tal magnitud no se presentan con frecuencia, y es por eso que el evento es tan emblemático y difícil de concretar».
¿Cómo fue experiencia con estas olas?
«Estaba como competidor alternativo en el evento, siendo el único chileno y uno de los tres latinos entre los participantes. La mayoría de los invitados son surfistas hawaianos, así que estar allí fue un gran honor. Sabía que este podría ser uno de esos días en los que tendría la oportunidad de surfear las olas más grandes de mi vida. Viví un momento único que quedará marcado para siempre en mi memoria. Mi pasión por las olas grandes y mi deseo de aprender de la naturaleza, siempre guiando mi camino, me llevaron a ese instante especial».
¿Qué hizo?
«Opté por surfear una ola en outer reef, un lugar mar adentro donde las olas eran grandes y perfectas. Sabía que ese sería mi momento de conectar con una ola especial que, para mí, representaba más que solo surf: era una experiencia única. Aprender de la gran cultura hawaiana, donde la pasión por las olas grandes nos une, es algo que valoro profundamente. Aquí no solo se trata de surfear, sino de honrar y respetar esa conexión tan profunda con el mar, entender su energía y compartir con los locales».
¿De qué forma enfrentó las olas?
«Cuando decidí ir a surfear en outer reef, un lugar mar adentro, lo hice con la ayuda de un salvavidas de Oahu, quien me llevó con su jetski junto a tres amigos más. Al llegar a mar abierto, las olas eran realmente gigantes, un mar con tanta energía y altura que nunca antes había experimentado. Eran olas enormes, como verdaderos trenes, grandes y perfectas, con una velocidad anormal debido a su período de 25 segundos. Pasé casi ocho horas en el agua, desde las 7 hasta las 14:30 horas, intentando surfear olas enormes. Logré seis olas grandes, pero la última fue la que me atrapó con toda su fuerza. En ese momento, no supe si fue la tabla o la ola misma la que me golpeó en la espalda, pero la fuerza del impacto fue tan grande que decidí ponerle fin a la sesión. El golpe fue bastante fuerte, y aunque no estaba seguro de la magnitud de la lesión, el riesgo ya había sido demasiado. Además, el viento comenzó a cambiar y la corriente se puso más fuerte, lo que hizo que las condiciones se volvieran aún más peligrosas. Sabía que ya era el momento de terminar, y aunque no fue fácil, la decisión fue clara».


