La actriz se reinventó porque desde el 2016 no me llaman para una teleserie
El humor siempre ha sido una terapia de sanación, estima la exfigura de De chincol a jote
¿Por qué derivó al stand up comedy?
«Fue un proceso que comenzó el 2019. Con el estallido se empezaron a paralizar ciertos lugares teatrales cerca de Plaza Italia. Ahí empecé a mirar nuevos horizontes y ChileActores lanzó un taller de stand up. Era algo desconocido para mí, pero me gustó porque soy comediante de la vida entera, aunque nunca había trabajado sola».
¿Qué temas aborda?
«La mujer como género se me da bien. A mi edad he vivido cosas que pueden ayudar a otras. En general, el stand up es bastante millennial y mi propuesta es otra. Hablo desde la mirada de las cincuentonas. Por ejemplo, los hijos treintones que todavía no se van de la casa, no hay cómo echarlos. También hablo desde la actriz universitaria que pasó del Teatro Nacional Chileno a un bar como el Quitapenas. Ha sido una aventura muy bonita».
¿Cuándo siente que se tituló?
«Siento que todavía no me he titulado como standupera, siento que aún estoy en aprendizaje. No es un personaje que haces, eres tú misma exacerbada y eso es lo valioso. Cuando di un salto fue no hace mucho. En un show quedé en blanco total porque trabajo con un texto base y olvidé lo que venía, pero estaba tan conectada con la gente que me pegué un viaje súper bonito. Hablé del blanco y lo que estaba viviendo ese momento sin ningún pudor. De repente sentí que las ideas volvían. Pude resolverlo y siento que estoy preparada. Los años de teatro no son en vano».
¿Y qué pasó con las teleseries?
«No me llamaron más desde Ámbar, el 2016. Yo ya lo tomo con humor. Al principio me preguntaba por qué si yo soy buena. Hay que adecuarse a lo que ha cambiado: muchos actores para poco trabajo en TV. No hay que quedarse pegada, hay que avanzar».


