Todos trabajan en aerolíneas Delta y ayudan a víctimas del terremoto en El Monte
Comandantes de aviones, auxiliares de vuelo e ingenieros manejaron con destreza martillos y serruchos para construir 15 viviendas de madera.
Un angosto camino de tierra rodeado de rosales color fucsia intenso permite llegar al sector Chiñigue El Cristo, en la comuna de El Monte. En un amplio sitio, un grupo de 20 hombres y mujeres en short y polera martillean sin importarles el calor abrasador y el hecho de que su blanca piel se enrojece peligrosamente. El bloqueador es indispensable.
En el lugar, las conversaciones son mayoritariamente en inglés, porque 15 de quienes ahí trabajan son funcionarios de la empresa Delta Airlines. Son parte del grupo de 80 personas que el sábado pasado desembarcó en Chile porque se conmovieron por el terremoto del 27 de febrero y quisieron venir a ayudar a familias damnificadas. Son pilotos, mecánicos y administrativos de la empresa que forman parte del programa «Force for Global Good» y que en conjunto con el grupo ecuménico cristiano Hábitat para la Humanidad Chile, construirán quince casas o «viviendas progresivas», como le llaman. Cada una será de 21,6 metros cuadrados, divididos en dos ambientes y un baño, con revestimiento de fibra de cemento. Son de madera y antisísmicas.
La rubia cabellera de Kim Mills Smith sobresale. La aeromoza lleva puesto un casco. Con el martillo se maneja como una experta y el serrucho tampoco le presenta problemas a la hora de armar las piezas que darán vida a las viviendas.
«Yo vengo de corazón a Chile porque quiero ayudar de verdad. Yo creo que uno debe tener una mirada global para colaborar con las personas necesitadas», cuenta esta aeromoza de Delta Airlines, que con sus rutas de vuelo recorre Caracas, Panamá, Costa Rica y todo Estados Unidos.
«El trabajo es muy rápido porque estamos construyendo las 15 casas en tres días. La devastación en Chile fue tan grande con el terremoto que decidimos venir», dice Kim, que luce unas coquetas botas vaqueras.
La figura de Barry Mattheus destaca en el grupo. Es muy alto y su piel ya está marcada por el sol penetrante de El Monte. «Me ha encantado este lugar. Viviría aquí, pero tengo mi familia en Los Ángeles que me espera y apoya mucho». Él forma parte del departamento de relaciones públicas de la aerolínea y ha viajado por Tailandia, Sudáfrica e India, ayudando como parte del programa social de la empresa.
Patricia Sepúlveda es una de las pocas que habla español. Además, es la única que vive en Chile porque pertenece a la sede local de la aerolínea. La joven de 26 años sirve de intérprete a sus compañeros. «Para todos, en especial para los que vienen de lejos, es muy gratificante poder ayudar a la gente que se vio afectada con el terremoto. Hacen un esfuerzo grande pero vale la pena», dice.
Una de las beneficiadas
Rosa tenía sus dudas
Cuando el alcalde de El Monte, Juan Carlos Tello, le dijo a la señora Rosa Sáez que un grupo de extranjeros la ayudaría a reconstruir su casa, se puso muy nerviosa.
«Me imaginaba que iba a ser muy incómodo tenerlos aquí y no poder entenderles y hablar con ellos. Pero ha sido muy agradable. Llegaron, los vi grandotes y rubios, pero me dieron abrazos cariñosos», dijo Rosa, harto más relajada, aunque igual no les entendía una palabra.


