Posee 15 habitaciones que costarán entre 136 y 272 mil pesos
Tiene la apariencia de mansión lujosa y acogedora. Incluye al restaurante Pasta e Vino.
En el invierno de 2006, Mark Cigana, empresario australiano de visita en Chile, paseaba por el Barrio Bellavista cuando vio una casa a los pies del San Cristóbal que lo dejó prendado. Sin tener muy claro qué pretendía hacer con ella, la compró en un acto casi compulsivo. La casa, enterrada, llena de hojas y escombros, por el abandono de cinco años en que se encontraba, al ver a este nuevo dueño suyo como que empezó a hablarle solita de sus cualidades.
«Vi que tenía el cerro atrás casi como un jardín propio, que poseía una hermosa terraza con una vista fantástica y que además tenía una ubicación privilegiada para instalar un pequeño hotel», cuenta Cigana. De su propia experiencia como turista en Chile, Cigana obtuvo otros datos.
«Era ideal como una oferta diferente, ya que muchos extranjeros que pasan por Santiago dos o tres días sólo tienen como opción un gran hotel ubicado en el barrio oriente. Ése es un paisaje que se puede encontrar en cualquier parte del mundo».
La idea la complementa su socio, Will Martin.
«En este lugar se aprecia realmente cómo es la vida en Chile, con los estudiantes de Pío Nono tomando cerveza, la comida típica de algunos restaurantes, etcétera», agrega.
Tras dos años de trabajo y restauración, acometidos junto a su socio, el próximo 1 de marzo la casa (Constitución 219 y 317) partirá como el hotel boutique The Aubrey, un lugarcillo muy acogedor, pero no por ello menos elegante. Posee 15 habitaciones, dos en suite, cada una de las cuales es diferente a las otras. El precio irá desde los US$ 250 ($136.000) las más sencillas hasta los US$ 500 ($ 272.000) la gran suite, un verdadero departamento con entrada independiente por Pío Nono.
Repasar los detalles de arquitectura y diseño puede resultar fatigoso, pero bastará decir que al recorrer las piezas (son más que habitaciones) las salas de estar, los livings, los baños y las terrazas, da la impresión de estar alojado en la casa de una familia de muy buen gusto (y dinero) y muy acogedora.
«Esto no es estándar, es más cálido, porque arquitectónicamente se rescataron los elementos originales de la casa y se les dio un toque más contemporáneo. Junto con eso, la atención es mucho más personalizada que en un hotel de las grandes cadenas», explica Kristina Schreck, encargada de comunicaciones del hotel.
Mención aparte merece la terraza trasera, con piscina temperada y jacuzzi, justo bajo los contrafuertes del cerro, en el tercer nivel. También el bonus track del hotel. El restaurante Pasta e Vino -atendido por la propia Verónica Alfageme, chef y dueña- que a partir de la tercera semana de febrero comenzará atender al público con 23 mesas.
Aportan show
Los vecinos más sapos del barrio
El hotel tiene a los vecinos más curiosos de Santiago: los monos, chimpancés y sapos del zoológico, que está justo detrás de la casa.
«No se siente olor, sólo unas pocas veces, cuando corre brisa en la dirección del hotel, pero no es nada desagradable, sólo olor a naturaleza. En cuanto a ruidos, a veces los pavos reales se escuchan, pero no hay rugidos de leones ni nada de eso», dice uno de los dueños, Will Martin.
3 millones de dólares y dos años tomó la restauración.


