Apenas a 60 metros de la famosa Basílica Menor se apila un cerro de residuos
Se deberán remover 26 mil metros cúbicos de polvillo gris. Lo hacemos con todas las normas de seguridad, destacan en la Minera Teck.
A lo largo de los 60 años que lleva viviendo en Andacollo, Héctor Vicencio se ha familiarizado con los 122 relaves desperdigados por la localidad y su entorno. Son desechos de labores de la pequeña minería que han quedado abandonadas y que forman colinas de fino polvo gris.
Uno de esos viejos relaves recibe el nombre de Whittle. Se encuentra apenas a 20 metros de las casas y a unos 60 metros de la plaza donde se ubica la Iglesia Grande o Basílica Menor, donde cada año a fines de diciembre se celebra la multitudinaria Fiesta Grande de la Virgen de Andacollo.
«Hay casas junto a ese relave, que es sólo uno de los que se encuentran en la ciudad. Cuando llueve se forma barro; luego, cuando se seca, los autos levantan ese polvillo y los niños quedan con los ojos rojos con conjuntivitis», relata desde la Residencial Noelia, que administra.
Este verdadero cerro de residuos pronto desaparecerá. La Minera Teck comenzó un proyecto en favor de la comunidad para retirar estos 26 mil metros cúbicos de desechos esparcidos en media hectárea de terreno, con el fin de entregar ese espacio para el uso de la comunidad andacollina.
«Es un compromiso voluntario que hemos adoptado para remover el relave hasta nuestro depósito que está debidamente autorizado. Lo hacemos con todas las medidas de seguridad», destaca Angélica Cabrera, gerenta general de Teck Carmen de Andacollo. Como la idea es no causar ningún inconveniente a los vecinos, se tomó la precaución de mantener húmedo el relave para no levantar polvillo.
«Para esto contratamos una empresa local que está trabajando con cinco camiones tolva, dos camiones aljibes, una excavadora y una retroexcavadora», detalla Cabrera. El tiempo estimado para la iniciativa es de tres meses.
Antes de iniciar las obras, se negoció con los dueños del terreno donde se encuentran los restos para adquirir la propiedad. Además, se tramitaron las autorizaciones pertinentes, como la de Sernageomin, y se conversó con los vecinos de Andacollo. Todo el proceso ha tomado casi tres años y ha significado para la empresa Teck un desembolso de unos 700 mil dólares.
El alcalde andacollino Gerald Cerda dice estar agradecido con la empresa por las labores. Si bien recuerda su infancia jugando en estas zonas de desperdicio, tal como la mayoría de los niños del lugar, se propuso retirar cuantos relaves pueda.
«El 40% de los relaves está en pleno centro de la ciudad. Sabemos que contienen elementos nocivos para la salud y que generan problemas respiratorios, como cromo, mercurio, zinc y plomo. Cuando éramos niños no lo entendíamos y hasta nos tirábamos ese polvo en la cara», rememora.
Así han pasado los años, lamenta, y no se ha podido desplazar estos cerros artificiales que han quedado de los desechos de la minería.
Residuos centenarios
«Al 2022, en Chile había 757 relaves. Cada 30 horas se deposita una cantidad de desechos similar al Cerro Santa Lucía. Los relaves se concentran en un 80,8% en 20 comunas del país, encabezadas por Andacollo, Illapel, La Higuera y Copiapó», cuenta Milton Godoy, doctor en historia que en 2021 publicó el libro «Minería y mundo festivo en el Norte Chico: Chile 1840 a 1900». Además, es investigador de la U. del Alba.
Explica que Andacollo ha tenido una larga relación con la minería, incluso desde la época en que en esa zona era un enclave del Imperio Inca.
«Su historia está ligada a la minería del oro y luego del cobre. Citando a otro autor, Benjamín Vicuña Mackenna decía que Andacollo era uno de los ‘ríos de oro' que existían en el mundo», afirma.
Según explica Godoy, en la zona desde el siglo XVI hubo lavaderos explotados con la técnica conocida como trapiche: este sistema se basa en una suerte de molino donde una piedra llamada voladora rodaba sobre otra conocida como solera, en cuyo borde había planchas de mercurio que «atrapaba» el oro.
Esos sitios de búsqueda estaban en los extramuros de Andacollo, pero el pueblo creció y rodeó esas áreas de extracción.
Cuando el cobre comenzó a tener más importancia para la producción industrial, desde el siglo XIX se entregaron en concesión espacios de explotación para grupos de mineros. Gran parte del material que no era mineral quedaba como desecho y era almacenado por allí: todo ese material es llamado relave.
«Ahora las empresas mineras muestran más conciencia», valora Godoy.
«Una vez finalizado su traslado, las personas verán mejorada la calidad del aire y también su calidad de vida con la recuperación de un espacio público que va a ser saneado de manera sustentable», destacó la ministra de Minería, Aurora Williams, en la ceremonia en la que se anunció la remoción del relave Whittle.


