Raúl Palacios, ex seleccionado chileno, rehace su vida en Estados Unidos
El ex mediocampista vive solo hace tres años en Texas. Quiero juntar plata y volver a Chile para estar con mis hijos, señala.
Raúl Palacios (48), ex jugador de Colo Colo y otrora seleccionado nacional, cuenta que todos los días se despierta a las 4.30 de la mañana y que no para de trabajar hasta casi las ocho de la noche. Es su rutina desde hace más de un año, cuando llegó a vivir solo a Odesa, Texas, en Estados Unidos, con el objetivo de cumplir un sueño: ganar dinero para volver a Chile.
«A Estados Unidos me vine hace tres años por recomendación de un amigo chileno -Óscar Hernández- que conocí cuando jugué en Colorado Rapids (2006). Mi idea era trabajar primero en academias como entrenador porque yo, por ese solo hecho de haber jugado acá, tenía el beneficio por parte de la MLS de acceder a la licencia clase C y D para entrenar en categoría B, o sea hasta la división universitaria. Después, el plan era intentar que la MLS me diera la licencia de entrenador para todas las categorías y tener mi propia academia, pero eso finalmente no lo conseguí».
¿Por qué?
«Un poco por dejación mía, porque nunca fui a hacer el trámite a la MLS, y otro poco porque necesitaba ganar más plata en forma rápida. Yo hasta hacía clases particulares, pero no daba, así que otro amigo chileno, Andrés Olivares, me dijo que me viniera a Odesa porque había buena pega manejando camiones. Me decidí y cambié de rubro».
¿Y qué sabía usted de camiones?
«Sabía porque luego de retirarme del fútbol, como no sentí la vocación de ser entrenador en ese momento, estuve como seis meses viendo qué podía hacer hasta que un día un amigo me dijo que había una pega de minería en Collahuasi y que podía tenerla si me comprometía a jugar por la compañía en una liga. Dije que sí y así empecé».
Pero, aparte de jugar, ¿qué más hacía?
«Era operador de planta de concentrado. Aprendí mirando y siendo capacitado por la propia compañía. Estuve cuatro años hasta que me fui a Caserones, en Copiapó, a seguir en minería, pero haciendo otro trabajo: justamente manejar camiones y ser chofer escolta de los ejecutivos».
¿Le gustaba ese trabajo?
«La verdad es que no tenía otras alternativas, hasta que me llamó mi amigo de Estados Unidos para intentar ser entrenador. Y ahora la vida me devolvió al rubro camionero».
Es una pega complicada.
«No es fácil. Yo trabajo 14 horas diarias en una zona petrolera que es bastante peligrosa, por lo que, si uno no aprende rápido, queda fuera. Por suerte yo tenía experiencia y he podido estar a la altura. Al menos no he tenido quejas de mis jefes».
¿Es difícil ser inmigrante latino en Estados Unidos?
«A uno le hacen sentir que no es de este país, pero tengo la suerte de tener amigos chilenos y latinos. En cuando al idioma, he ido aprendiendo. Llegué sin saber hablar inglés pese a haber vivido antes acá, porque cuando jugué en Colorados Rapids, el club me tenía traductor, así que no aprendí mucho»
¿Por qué se fue solo?
«Soy separado hace años. Estuve casado 11 años y tuve dos hijos: Raúl (19) y Agustín (15), que viven con su mamá. Pero antes tuve dos hijas con dos pololas distintas: Javiera (28) y Camila (27), que ahora tienen sus vidas y son profesiones. Y después que me separé tuve otra polola y ahí nació Santino (3). Los más grandes ya tienen su vida, las niñas están estudiando en Chile y el Santi no puede salir del país sin permiso de la mamá, así que desde que me vine a Estados Unidos no los veo».
Debe ser duro.
«Claro. Y por eso hago el sacrificio de trabajar en algo extenuante y peligroso. Quiero juntar plata y, ojalá, pronto poder traer a los más grandes para que me visiten. Y, en el mediano plazo, ojalá que tenga lo suficiente para volver a Chile para estar con mis viejos (Raúl Palacios y Dora Gamboa) en Los Andes. Los echo de menos».
Usted jugó en Colo Colo, en la MLS, fue seleccionado nacional. ¿No logró estabilidad económica con lo que ganó en su momento?
«Gané plata, pero no fui previsor y tuve amigos que ahora entiendo que no lo eran porque estaban ahí cuando yo estaba arriba, pero ahora desaparecieron».
¿Era fiestero?
«Sí, lo era, lo reconozco. Yo era bueno para el fútbol, siempre lo fui y logré cosas, pero me faltó ser más ordenado».
Se le vinculó al mundo de la farándula.
«Es que viví de todo, pero no como para andar contando ahora. Como dijo Mauricio Pinilla alguna vez: «un caballero no tiene memoria». En esa estoy (ríe)».
También era medio mal genio.
«Sí, yo era pesado, explosivo, llevado a mis ideas. Muy individualista. En un momento me agrandé, me creí el cuento y eso me pasó la cuenta. Todo eso siento que me perjudicó, porque pude llegar más alto».
Igual tuvo su momento de gloria jugando en la Selección.
«Tuve la suerte de ser seleccionado varias veces (13). Mi mejor recuerdo, por supuesto, es la Copa América 1999, donde fuimos cuartos y pude jugar al lado de casi todos los que habían estado en el Mundial de Francia, empezando por Iván Zamorano y Marcelo Salas. Anduve muy bien e hice un gol. Además, fui titular casi todo el torneo en un puesto que no era el mío: lateral derecho».
¿Cómo fue que lo hicieron jugar en ese puesto?
«Fue a don Nelson Acosta el que se le ocurrió. Moisés Villarroel, que era el titular, se lesionó el primer partido de la Copa y me probó a mí en el segundo. Anduve bien y seguí como titular. Lo hice tan bien que me eligieron como el mejor lateral derecho de la Copa junto al brasileño Cafú».
¿Y qué pasó que no mantuvo ese nivel?
«Tomé malas decisiones. Tras la Copa, tuve una oferta para irme a América de México. Era buenísima. Yo estaba a préstamo en Santiago Morning y me ofrecían no sé, 20 veces más de lo que ganaba ahí. Pero el Morning no quiso hacer el negocio porque yo aún pertenecía a Colo Colo. Luis Faúndez y los hermanos Marinakis hicieron atado».
¿Por qué decidió retirarse del fútbol?
«Tenía 35 años y sentí que ya no tenía mucho que escalar en mi carrera. A fines de 2005 estuve a punto de jugar en la U, pero no se dio. Héctor Pinto era el DT y conversó conmigo, pero él se fue, llegó Gustavo Huerta y llevó a otros jugadores. Me fui a La Serena y luego anduve por Antofagasta, Coquimbo Unido y San Marcos de Arica, donde decidí dejar la actividad. Estoy conforme con lo logré, aunque pienso que me faltó más orden en mi vida como para llegar más alto».


