Milton Millas cuenta sus dos semanas en el Viejo Continente con sus tres nietos
El comunicador recorrió Italia, España, Francia y Reino Unido junto a sus nietos Santiago, Catalina y Trinidad. Fui solo conellos, mis amigos me preguntaban cómo me atreví, dice el comentarista.
Milton Millas prefiere omitir su edad actual en esta entrevista, pero reconoce que este fue, probablemente, el último gran viaje a Europa de su vida. «Sinceramente creo que es el último. He viajado tantas veces desde el Mundial 1982 de España, después transmitiendo los partidos de Iván Zamorano. Siempre me quedaba turisteando un poco después de las coberturas. Pero a esta altura ya no tengo el entusiasmo de antes. Haber traído a mis nietos es como clasificar a la final del mundo para mí, una experiencia que no van a olvidar», cuenta el recordado periodista deportivo.

El otrora comentarista viene llegando de disfrutar dos semanas en solitario junto a tres de sus nietos, Santiago (14), Catalina (15) y Trinidad (15), en diferentes países del Viejo Continente. «Recorrimos de todo un poco. A Santiago lo llevé a conocer el estadio del PSG en Francia, es un lujo, muy bonito y quedó contento. Pero fueron unas vacaciones culturales, hemos ido a todos los museos como el Museo del Prado en Madrid, el Louvre en París, y obviamente a todos los grandes monumentos, como el de Víctor Manuel en Roma. Estuvimos en la Fontana di Trevi y el Coliseo. Sé que todas esas cosas van a marcar culturalmente a los niños, no lo podían creer», asegura Millas.
¿Cuánto tiempo preparó este viaje con nietos, Milton?
«Lo venía planificando hace mucho, pero les dije recién hace un mes. Hablé con sus papás, les pedí permiso para traerlos y estuvieron de acuerdo. Los niños se portaron espectacular. Estuve yo solo con ellos, esa era precisamente la gracia, venir solo con los nietos. Mis amigos me decían que era valiente o cómo me atreví, pero poder darles este bagaje cultural es algo muy bueno. También estuvimos en Londres, vimos el Big Ben».
¿Y los chicos no se aburrieron con tanta visita cultural?
«No, porque nos programamos bien, hicimos hasta una carta Gantt del viaje. Los chicos también tuvieron tiempo para salir solos a los centros comerciales o boutiques. Les di aire porque tienen que crecer. Para el alojamiento nos organizamos de la siguiente manera: yo dormí con Santiago y las niñitas en otra pieza. Los lolos no me dejaban hacer nada prácticamente: llegaba al aeropuerto y faltaba la silla de rueda nomás, jajajá. Salimos con todo listo, los autos, hoteles, tickets para museos. Catalina, que va a cumplir 16 años, fue la capitana de nuestro equipo y ordenaba todo, llevaba los pasaportes. Fue la coach del viaje».
El recuerdo más bonito de Milton durante sus vacaciones fue durante la visita al Vaticano y la Capilla Sixtina. «Quedaron impactados porque hay un cielo con arco y está entero dorado, lleno de pinturas importantes. Los lolos hoy en día no se impactan con nada con esto de las computadoras, son impermeables a muchas cosas. Pero ellos sí valoraron cosas como estar frente a la Piedra de Rosetta en el Museo Británico de Londres», explica el comunicador.
¿Alguna anécdota que recuerde?
«Los cabros me decían Tata, vamos para acá, vamos para allá. Aguanté recorriendo diez kilómetros diarios, pero me fundí al décimo día. Ahí les dije vayan ustedes y me quedé todo el día en cama. Para la visita a Pompeya, por ejemplo, nos levantábamos tipo 7 de la mañana y salíamos. La caminata me pasó la cuenta, yo no les quería decir hasta que llegó el día en que me fundí. Me faltó físico para el alargue».
¿A qué está dedicado actualmente?
«Estoy dedicado al desarrollo personal, a escribir mis memorias y también estoy con el campo, produzco cítricos. Otra cosa que me gusta es juntarme con mi grupo de amigos de toda la vida, en el que está incluido el Caco (Juan Carlos) Villalta. Nos conocimos siendo lolos de 14 años y nos juntamos hasta el día de hoy. Nos reunimos en el Alto Las Condes los miércoles a tomar café y después nos vamos a almorzar. Tengo una vida tranquila. Agradezco la profesión, nunca me sentí trabajando porque siempre sentí que era una entretención, un goce. Tengo la vida llena».