Forman parte de un contingente de la CMPC
Para nuestra mamá es complejo. Por lo mismo nos cuidamos mucho, dice Eliana Calpán, de 25 años.
Eliana Calpán, de 25 años, cuenta que en sus tres años como miembro de la brigada femenina 811 de la CMPC, que se conformó para combatir los incendios que afectan a las regiones de La Araucanía y el Biobío, por primera vez le tocó viajar a la zona centro para apoyar las labores en la catástrofe originada por los incendios en la región de Valparaíso.
«Fue muy triste ver tanta destrucción, tanta pérdida. Llegamos el sábado en la madrugada.
El fuego ya había arrasado con todo. Había muchísima destrucción, todo gris, mucho humo, pero los incendios seguían activos», dice la joven, quien este año asumió como jefe de la brigada que, además, está conformada por sus dos hermanas menores, Gabriela, de 21, y Yanet, de 19, y por la cuarta integrante, Elizabeth Pereira, de 23 años. Al grupo lo apoya un jefe técnico y dos conductores.
«Con mi hermana Gabriela partimos casi juntas como brigadistas y este año se sumó mi hermana Yanet. Pero el que partió todo fue mi hermano. Él me motivó a seguir esta profesión. Yo tenía pocos conocimientos sobre los incendios forestales. Era algo que veía de lejos, pero gracias a él sentí las ganas de aprender. Ha sido una experiencia maravillosa.
He combatido llamas en bosques forestales, he ayudado a salvar casas, me ha tocado ver y experimentar muchas emociones, como cuando fuimos al incendio de Santa Juana, en el Biobío, el año pasado. Eso fue muy duro», dice Eliana, quien junto a su equipo se movilizan en camionetas 4×4 equipadas con herramientas especializadas, tanques de agua, espuma y mangueras de largo alcance.
¿Qué fue lo más complejo que les tocó en Viña del Mar?
«El calor, el viento y los terrenos irregulares, con mucho desnivel. Eso complicó mucho el trabajo. Estuvimos en el incendio del sector Las Tablas por 9 horas diarias, en coordinación con otras dos brigadas de la Corporación Nacional Forestal. Fueron días muy duros. A diferencia de otras tragedias, acá hubo mucha pérdida de vidas».
¿Cómo es trabajar con sus hermanas?
«Para mí es un orgullo compartir esta labor con ellas, porque es un servicio a la comunidad. Pero por otra parte es algo preocupante estar las tres en un trabajo tan riesgoso. Para nuestra familia, para nuestra mamá es complejo. Por lo mismo nos cuidamos mucho. Siempre estamos muy pendientes de la otra. La comunicación es muy importante. Acá trabajamos por turno. Cuando yo salgo de descanso mis hermanas entran y la preocupación siempre está».
¿Qué pasa con ustedes con están combatiendo un incendio?
«El mayor temor es no volver con nuestras familias, dejarle el corazón roto a alguien, que ellos sientan esa pena. No solo por las llamas es complejo, muchas veces ocurren ataques de terceras personas, sobre todo en la zona sur, que no dejan trabajar a los brigadistas».


