Tribu Hebdo

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Título/Pie de foto: Juan Guillermo Tejeda


Juan Guillermo Tejeda

¿Cómo estar con los demás? Para Sartre, el infierno son los otros. Y sin embargo no cesamos de ensayar, pese a los fracasos, nuevos amores, nuevas formas familiares. Lo mismo para relacionarnos colectivamente.

Las constituciones de raíz fascista instalan a la familia (no a la persona humana) como núcleo de la sociedad. Son los gremios, las categorías, los grupos, las tribus, las razas, los credos, las pandillas, los que al ir sumándose dan forma a los estados corporativos que le gustaban tanto a Mussolini, Hitler, Franco o Jaime Guzmán.

Hoy, cuando las formas republicanas se van deshaciendo en torno a la democracia devaluada del neoliberalismo, vuelven las tribus a hacer sonar los tambores de guerra.

Hay tribus deportivas empeñadas en celebrar y destrozar, todo a la vez. Otros grupos tribales se orientan al graffiti, o a la prédica religiosa antihomosexual, o a la comida orgánica, o a la música rock, o a las redes sociales, hay mucha variedad.

Podríamos utilizar categorías económicas o democráticas para tratar de entender los atroces bombardeos en la franja de Gaza, o las guerras africanas, o lo que ocurrió en los Balcanes, aunque lo que arde allí es el fuego tribal. Grupos humanos de etnias y religiones distintas unidos por un odio irreductible, por el deseo compartido de exterminar al otro.

Las tribus son en general poco sensibles al humor. El humor, la sátira, es un género artístico que pone de cabezas lo que queremos pensar de la realidad.

Toda tribu es una comunidad imaginada, un colectivo instalado sobre unas pocas ideas simples y que sirvan para darle duro a la tribu de enfrente, basándose en la convicción de que la tribu a la que uno pertenece es la de los buenos, en tanto que los malos serían, como sugiere Sartre, los otros.

El mundo no ha dejado jamás de ser tribal. Quizá el allendismo no fue sino la sublevación de las antiguas tribus colonizadas por los conquistadores. Tal vez el imperialismo sea un odiado edificio tribal en cuyo penthouse vive a todo lujo la tribu anglosajona rubia y de ojos azules.

Hoy la pequeña y nunca muy próspera tribu de los dibujantes de humor, cuyo oficio ha sido desde antiguo la burla radical, el mantenimiento de una mirada compleja, contradictoria, sobre las distintas interpretaciones tribales de la realidad, ha sido objeto de un ataque feroz. Han muerto asesinadas doce personas, cuatro de ellas dibujantes.

Los franceses se han volcado a las calles. Hemos visto dos imágenes, una multitudinaria de la tribu parisina, de la gente que se siente Charlie, y necesita defender su derecho a la risa, su libertad antitribal. Y otra foto de un grupito de políticos, la tribu del poder, un poder a menudo despiadado que ha hecho la pose de salir a la calle para una selfie televisiva. Sin mezclarse -eso no- con los ciudadanos.

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