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Título/Pie de foto: Larry Moe
¿Se echó a morir María Eugenia Larraín cuando la bajaron de una Teletón? Las pinzas.
Larry Moe
La gala de Viña tiene su primera mártir, incluso antes del desfile por la alfombra roja de las víctimas de los fusileros del look, cada vez más organizados y sanguinarios. Fran Undurraga se quedó con los crespos y la manicure hecha. El pago de Chile(visión).
Quien hace menos de un año pintara poco menos que como la próxima Marlen Olivari hoy está reducida a la categoría de lo que en música se llamaría una «one hit wonder», nicho taxonómico habitado por quienes han tocado el cielo de la fama fugazmente para luego desaparecer sin vuelta.
El punto, querida Fran, es que hay quienes han regresado a la vida mediática una y otra vez siendo que también parecían condenados a una larga y definitiva estadía en el olvido. Sin ir más lejos, lo ha hecho Quenita Larraín.
Era menos que una modelo cuando puso sus ojos y su corazón sobre ella Iván Zamorano. Prácticamente se fugó del altar aquella vez y hasta ahí pudo haber llegado su trayectoria, pero después apareció casándose con el Chino Ríos. Vino la antológica performance de la silla de ruedas y luego otro período de mutismo.
Después, a las puertas de una Teletón, fue bajada del show de la cruzada solidaria. El director Mauricio Correa adujo que «no había tiempo para ella» (¿ni cinco minutos entre las 27 horas? Impresentable). La mano negra habría sido su ex novio, Pichichi, operando desde las rencorosas sombras.
Pudo haber sido un golpe del que otra no se habría levantado, pero después se reinventó como siamesa egipcia reality, como grouppie chilena oficial de Luis Miguel y como numeróloga, por nombrar sólo algunas de las facetas con las que nos ha sorprendido.
Entonces, Fran, te quedan dos opciones. Una, llorar frente al televisor la noche de la gala, pensando que tu cuarto de hora ya pasó. La otra, preguntarte ante cada posibilidad que te presente la vida «¿Qué haría Quenita en mi lugar?» Autocontratarte como la libretista titular de las futuras noticias que protagonizarás, las mismas que harán imposible que las cámaras de TV te ignoren. Eso sí, el recurso del escape «casual» de la pechuga se guarda hasta nuevo aviso. No queremos volvernos predecibles, ¿verdad?.


