Qué conmovedor despliegue de bondad desinteresada es la canción de Miguel Piñera a Gustavo Cerati, qué ejemplo de altruismo y sobre todo de inspiración.
Miguel «Negro» Piñera, esa rutilante estrella de la escena pop chilena, el mismo que al parecer se inició en los secretos de la música en un taller de desabolladura de autos, ahora ha descubierto, de pronto, las infinitas virtudes de la musicoterapia. De la noche a la mañana se ha internado en los vericuetos del inmenso poder sanador que esta disciplina encierra cuando un alma fina como la suya, un espíritu cultivado y bondadoso, vibra intensamente al componer un tema dedicado a Gustavo Cerati.
Qué conmovedor despliegue de bondad desinteresada, qué ejemplo de altruismo y sobre todo de inspiración, la que imaginamos brotando a raudales, tipín siete de la mañana, cuando ya las diucas no dejan conciliar el sueño y los imbéciles que trabajan comienzan a abandonar sus estúpidas casas. A esa hora mágica, casi podemos ver a este Mozart de los Andes totalmente poseído por una agitación volcánica caminando de arriba para abajo en su estudio de grabación, víctima de un rapto febril, con la mirada vidriosa de los iluminados y la rigidez facial clásica del que ha recibido un toque angelical.
Así lo soñamos a este portento de la composición musical chilena en el momento de sentarse al piano, o a algún otro instrumento maravilloso, y, allí, luego de mover unas perillas para que suene el riff de «Persiana americana», y montado a caballo en una indisimulable banda de Víctor Jara, medio cortada con algo de Sol y Lluvia, lo vemos gorjear con una voz que está como para raspar murallas, la lindeza que sigue: «Tenemos esperanza / tenemos ilusión / de verte cantando / una nueva canción / música ligera / canción animal / brillando en los escenarios (.) / cuando todo el mundo te quiere escuchar».
La profundidad que emana de esas palabras plagadas de sinceridad y afecto, el amor tierno y viril, deja entumecida la pluma del más pintado de los poetas actuales. «Esperanza» e «ilusión» son claramente unas ideas-fuerza que vienen a renovar el ultradesgastado mundo temático de poetas y letristas contemporáneos. Palabras novedosas, audaces, vanguardistas. Qué Neruda, qué Miguel Hernández, ni qué nada.
Algunos acusarán al redactor de estas líneas de usar un tono laudatorio con Miguel Piñera, dados ciertos parentescos del artista con el poder. Nada más alejado de la verdad. Valoramos con sincera emoción el esfuerzo de nuestro incomprendido trovador y su desopilante canción animal, creada presuntamente para acunar al genial e infortunado Gustavo Cerati, quien, lejos de luchar por «brillar en los escenarios», buscó en su vida, con la honestidad de un creador de verdad, construir un repertorio único, propio del artista dotado de un talento sin parangón en la música popular americana de todos los tiempos.
A los cortos de genio la canción de Piñera les da un poquito de vergüenza, eso está claro. Según ellos, la buena onda de Miguel Piñera no es suficiente, salvo para convertirnos en el hazmerreír del Cono Sur. Deberíamos decirles que tienen toda la razón y enseguida reírnos hasta que nos den puntadas de vergüenza propia y ajena, pero ahora escucharemos de nuevo aquel himno de amor, postergando las carcajadas para después del punto final. O sea, ya: rían.


