El tenista danés Holger Rune le escribió diez veces a la rusa Anna Kalinskaya
Especialistas explican que, en temas de comunicación digital entre sexos, una primeranegativa a una invitación debería ser suficiente para que el interesado desista. Con más de cinco intentos, ya se puede hablar de conducta obsesiva.
Ocurre a menudo: hombre conoce a mujer, se siente atraído por ella. Parece que ambos tienen onda. Él le pide su Instagram, y empiezan a seguirse mutuamente. A partir de ese momento, y con un poco de suerte, puede comenzar una hermosa amistad que tal vez termine en romance. En el peor de los escenarios, será el inicio de un caso de hostigamiento y acoso digital que eventualmente podría requerir la intervención de la justicia.
Alguien que la sacó barata, en el ámbito del ciber acoso, es el tenista danés Holger Rune, número 22 del mundo, quien esta semana quedó expuesto como jote virtual por su colega rusa Anna Kalinskaya. Según ella, el hombre le escribió diez veces a sus redes sociales, sin que ella acusara recibo, hasta que al fin «se dio por vencido». El deportista se defendió con algunos comentarios socarrones en X, y luego siguió con su vida.
Convivencia
El antropólogo chileno Sebastián Bravo, quien trabaja en temas de convivencia digital con la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), opina que en la situación vivida por Kalinskaya se da una circunstancia inquietante: «Rune le envió una serie de mensajes repetitivos, sin que hubiera una respuesta de parte de ella. Ahí, entonces, se configura un límite, en que se pasa de un flirteo, donde se busca una interacción sexo-afectiva o de otro tipo, pero que está limitada por la no respuesta de ella».
«Lo central es que en esa comunicación digital debe haber consentimiento, y ese consentimiento se basa en poder leer las señales de la otra persona. El hecho de que no te respondan ya es una señal, así como también es una señal el que ella no quiera tener una interacción de tono erótico o de flirteo. Ahora, tampoco se trata de demonizar el flirteo, pero el problema aparece cuando se hace un primer avance y luego se insiste a pesar de la negativa de la otra persona», explica el antropólogo.
¿Habrá un número razonable de mensajes enviados, para saber cuándo retirarse y no incurrir en acoso?
«Lamentablemente no hay una fórmula con la que uno pueda decir un número mágico, aunque diez intentos ya me parece demasiado. Es un asunto de sentido común, es contextual. Un primer mensaje, si tiene un tono agresivo o está fuera de contexto, ya pueda ser considerado como acoso. También puede ser que ambos hayan estado conversando bien, a lo largo de meses, hasta que algo cambia, y ella puede decir hasta aquí nomás llegamos, y hay que respetar eso».
Patricio Campos, experto en ciber seguridad y CEO de Resility Academy, aplica un criterio más cuantitativo para determinar la frontera entre el flirteo buena onda y el ciber acoso.
«En este tema hay mucho de subjetivo, pero, cuando una persona ya está recibiendo entre cinco a siete mensajes, sin que haya una respuesta de la parte receptora, y si aumenta la frecuencia de los mensajes, y éstos llegan a diario, a lo largo de tres días seguidos, por ejemplo, ahí ya se pueden establecer patrones de comportamiento obsesivo», plantea.
«También hay que considerar el tipo de mensaje que se está enviando. Si tienen connotación sexual, y eso no ha sido algo solicitado ni de común acuerdo, ahí obviamente estamos frente a un acosador, y en ese caso la legislación chilena dice que se debe hacer la denuncia correspondiente», detalla.
¿Coqueteo?
Desde una perspectiva más sociológica y cultural, Sergio López, director digital de la agencia de contenidos para redes sociales y desarrollo web The Link It, piensa que en estos asuntos siempre aparece una mentalidad marcada por la influencia del viejo dicho «el que la sigue la consigue».
«Cuántas historias hemos escuchado, de gente de mayor edad, con las que se nos quiere convencer de que hay que insistir para lograr un resultado con la persona que nos interesa. Pero hoy ya hemos tenido un cambio cultural, con la aparición de las redes sociales, y existe una línea bien delgada entre el coqueteo y el acoso. Entonces debemos tener claro que, ante una negativa expresa de la otra persona, el interesado tiene que dar un paso atrás», afirma.
Leyes
«En Chile, actualmente hay proyectos de ley que están en desarrollo, y que están pensados para abordar temas de ciber acoso y de ciber hostigamiento. En una primera etapa de cada caso puede haber coqueteo y joteo, pero esa etapa inicial puede abrir las puertas a problemas más profundos, como el ciber bullying, pero hasta ahora en nuestra legislación no tenemos nada concreto al respecto», reflexiona.
Patricia Peña, académica de la Universidad de Chile y directora de la Fundación Datos Protegidos, advierte que en este tipo de fenómenos es importante hablar de «acoso digital», porque expresiones como «ciber acoso» o «acoso virtual» tienden a minimizar «las consecuencias y la gravedad de la situación».
Likes
«Cuando se usa la palabra virtual se da a entender que no es un acoso real, pero el acoso digital tiene las mismas características de un acoso sexual real. El hecho de seguir a una mujer en redes sociales, dándole like, comentando sus publicaciones, viendo todas sus fotos, ya es lo que se llama hostigamiento encubierto. Y si él decide enviarle mensajes, hacerle invitaciones, y ella no responde, o su primera respuesta es no, entonces eso debe entenderse como no. No es que dos intentos sea lo correcto, y que tres intentos ya esté mal», resume Peña.