Fresco estaba oculto tras innumerables capas de pintura
Se trata de una obra de dos por cuatro metros, que representa el bautizo de Jesús. El autores el mismo pintor de La fundación de Santiago y El abrazo de Maipú.
En pleno corazón de la Plaza Ñuñoa, oculta tras las innumerables capas de pintura que cubrían el muro norte del velatorio de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, el profesor y licenciado en arte Hernán Ogaz encontró un misterioso fresco que representa el bautismo de Jesús.Aunque desde el inicio se sospechaba la identidad del autor, pronto quedó claro que se trataba de fray Pedro Subercaseaux, quien además de monje, escultor e ilustrador, fue uno de los artistas chilenos más prolíficos de la primera mitad del siglo XX.
Nacido en Roma, en 1880, «se trata de uno de los más destacados exponentes de la pintura academicista chilena, autor de relevantes composiciones históricas y religiosas en distintos templos del país», asegura el académico de la Universidad San Sebastián, quien junto a sus siete alumnos de la carrera de Licenciatura en Arte y Conservación del Patrimonio, trabajan para recuperar la obra, de unos dos metros de ancho, por cuatro de alto, y que estuvo perdida por cuatro décadas.
«Este hallazgo es relevante, pues se desconocía la existencia de esta obra. Tanto así, que incluso Victoria Griffin, biógrafa del pintor, no lo tiene registrado en su libro homónimo», explica el académico, quien entrega algunos detalles de la técnica usada por Subercaseaux.
«Utilizó pintura al huevo sobre una preparación directa al muro de yeso, el mismo que con los años y el terremoto de 1985, sufrió una importante grieta, la que se cubrió junto a la obra, debido al cambió la función de ese recinto, que pasó de baptisterio a ser un salón mortuorio», cuenta el conservador.
El estudiante Gustavo Rodríguez, asegura que «uno de los mayores desafíos en este trabajo fue el retiro del retablo que cubría el mural, ya que implicaba una intervención muy delicada para evitar dañar el muro original».
Tras ello, «vino la sorpresa de descubrir que toda la superficie del muro estaba cubierta por capas de pintura y yeso, lo que nos obligó a realizar un proceso minucioso de decapado, retirando cada estrato con sumo cuidado hasta revelar la obra oculta.»
Precisamente para que todos puedan compartir el proceso de recuperación, es que Soledad Salgado, otra de las alumnas de Ogaz, plantea la posibilidad de mostrar los trabajos durante el próximo Día del Patrimonio. «Me interesa mucho, porque es un privilegio lo que hacemos y sería bueno que las personas vean el proceso antes de que lo pintemos, porque es probable que lo volvamos a pintar nosotros mismos», comentó.
Religioso e histórico
Respecto al autor del fresco, el doctor en Historia del Arte y académico de la Universidad de Talca, Pedro Zamorano, destaca que se trata de un artista polifacético y de gran peso en la historia del arte nacional.
«Es un pintor que muere en 1956 y que se destaca por sus temas religiosos e históricos, algo que no es muy abundante en el Chile republicano de la primera mitad del siglo XX, en que hicieron su aparición las vanguardias, como el arte abstracto o el expresionismo», los que se alejaban bastante del academicismo que caracterizó la obra del monje benedictino.
En opinión de Zamorano, quien además es miembro de número de la Academia Chilena de Historia, «es probable que Subercaseaux se mantuviera fiel a este estilo más renacentista por causa de los temas que prefería, que eran históricos y religiosos, donde los grandes formatos campeaban.
Buen ejemplo de ello, es su obra más famosa. «El descubrimiento de Chile», le fue encargada en 1913 por los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados para conmemorar el centenario de la República y desde esa fecha preside el Salón de Honor del Congreso Nacional en Santiago. También es muy famosa, y aparece en varios libros de historia, es «El abrazo de Maipú», donde aparece OHiggins, en cabestrillo, saludando a San Martín, tras la Batalla de Maipú.


