Es la hora de Tabilo y de la fe de sus padres, que al comienzo de su aventura venden la casa y se van a vivir a un departamento más chico en Toronto para financiar los primeros años de su carrera.
María Álvarez y Ricardo Tabilo nacen en Chile, pero se conocen en Toronto, Canadá, a comienzos de los años noventa. A pesar de la distancia mantienen los lazos y en su casa, de hecho, ensayan con un grupo de música folclórica. Sebastián, su hijo mayor, es hincha de Colo Colo. Alejandro, el menor, es de Everton, pero el tenis se les mete entre los ojos en la época de Nicolás Massú y Fernando González. A Feña incluso lo ven jugar en un partido en que enfrenta a Roger Federer, una semifinal del Masters Series de Toronto. Alejandro, entonces con 9 años, queda impresionado con la barra chilena que hace mayoría ese día y su apoyo incondicional a González, pese a la derrota.
Hoy Ale Tabilo es el segundo chileno que le gana a un número uno del mundo en ejercicio. El primero es el mismo Feña González, en otro duelo de mano más firme y mejor suerte contra Federer. El serbio Novak Djokovic, aún en carrera para convertirse en el mejor tenista de la historia, es la víctima de Tabilo, en un triunfo que además sorprende por su contundencia y rapidez: 6/2 y 6/3 en una hora y siete minutos. Djokovic nunca ha perdido tan pronto en sus anteriores 342 partidos sobre arcilla.
Es una paliza, un inesperado acto de demolición que deja a Djokovic con una sonrisa nerviosa y un deseo de partir corriendo a la consulta médica cuando termina el juego. Tabilo lo desconcierta con un servicio casi perfecto y se dedica a pasearlo en la cancha central del Foro Itálico, con una convicción despiadada en cada tiro. Nada que hacer, Nole: el chileno juega lo que probablemente será reconocido como el mejor partido de su vida.
Roma es la ciudad favorita de Tabilo para jugar tenis. Tiene 26 años y está maduro, listo para aparecer la próxima semana entre los treinta mejores del mundo. No parece ser todavía el techo del pequeño zurdo de Toronto que se ilusionaba emular algún día a su ídolo Rafael Nadal, porque en el deporte el desafío más importante siempre es el que viene. Sin embargo, hay que celebrar: los sueños a veces se cumplen.
Es la hora de Tabilo y de la fe de sus padres, que al comienzo de su aventura venden la casa y se van a vivir a un departamento más chico en Toronto para financiar los primeros años de su carrera. Después del baile a Djokovic parece fácil, que triunfar es cosa de tiempo, pero quizás es otra cosa. Tabilo en 2016 alcanza a pesar más de 100 kilos, demasiado para un deportista de elite pero no tanto para una persona que mide 1.88; luego se le pasa la mano con la dieta y en 2017 baja a 65 kilos, y cuando por fin gana su primer partido de Grand Slam en Australia, el 21 de enero de 2020, ya recuperado físicamente, se le atraviesa una pandemia mundial en el camino. La gloria no siempre llega y cuando llega no pide permiso. La mejor parte de la carrera de Alejandro Tabilo Álvarez es lo que ocurre antes de ganarle a Novak Djokovic: la parte en que se reúnen los méritos para llegar a lo más alto, aunque sólo fuera por una vez en la vida.


