Un whatsapp con faltas de ortografía fue clave para descubrir el asesinato de una chilena en Florianópolis

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Carolina Nazir llegó a vivir a esa ciudad el 2019, cuando se casó con un brasileño

El principal sospechoso es un uruguayo de 37 años que dijo que su madre lo había abandonado cuando tenía 13 años.

En mayo del 2013, Carolina Nazir Salinas, de entonces 40 años, contrajo matrimonio con un ciudadano brasileño que conoció en Chile. Se casaron en Algarrobo, donde Carolina vivía con su familia, pero al poco tiempo se fueron a vivir a Florianópolis, Brasil. Estuvo dos años allá, pero yendo y viniendo, porque tenía una hija que se quedó estudiando en Chile.
«El matrimonio no duró mucho», cuenta Karen Fanta, prima de Carolina, «pero ella se enamoró de Brasil».
Carolina regresó a Algarrobo, pero el 2019 decidió dar el gran salto de irse a vivir de manera definitiva a Florianópolis. Se fue sola, porque su hija quería terminar la enseñanza media en Chile.
Se instaló en un departamento que arrendaba en Canasvieiras, al norte de la isla Catarina, una playa que en verano se repleta de turistas, pero que el resto del año es un paraíso.
Karen cuenta que su prima trabajó vendiendo pastas en un restaurante, vendiendo cosas en la playa y ahora último manejaba un Uber. Quizás en parte por vivir mucho tiempo sola, Carolina agarró la costumbre de alojar a gente necesitada en su casa.
«Todo lo que te diga es poco», dice Karen. «Veía a un viejito que tenía frío en una esquina y se lo llevaba para la casa. Estuvo con una señora a la que el marido le había pegado y que le había deformado la cara. Se la llevó también para la casa. Una vez se encontró con un joven diagnosticado con VIH, que no tenía donde alojarse, y también se lo llevó. Y así».
El uruguayo
En diciembre del año pasado, Carolina conoció a un tipo que se identificó como Alejandro Techera. Contó toda una historia. Dijo que había nacido en Uruguay, que su madre lo había abandonado en Brasil cuando tenía 13 años y que le habían diagnosticado un tumor cerebral. Vivía en la calle.
A la hija de Carolina, Josefa, ahora de 20 años y que hace dos se fue a vivir con su madre, nunca le dio buena espina. «No le creo nada, mamá», le decía a cada rato.
«Primero, porque este tipo no hablaba nada de portugués, siendo que decía que vivía allá desde los 13 años», cuenta Karen. «Y segundo, porque Josefa se dio cuenta de que este gallo tenía un tatuaje en la cara: justo debajo del ojo tenía una lágrima. Eso, en el lenguaje carcelario, averiguó Josefa, significa que el tipo había matado a alguien».
Pero Carolina Nazir insistió en ayudarlo. Muchas veces le dio comida y cuando hacía frío, le pasaba una frazada. Otras veces le prestaba el baño para que se bañara.
«Una noche, con el permiso de Josefa, se alojó en la casa. Carolina le dijo que el tipo igual la ayudaba paseando los perros, porque Carolina también recogía perros de la calle, y también la acompañaba cuando manejaba el Uber», relata Karen.
El crimen
A principios de septiembre de este año, una amiga invitó a Josefa a pasar las fiestas patrias en Chile. Josefa partió el 10 de septiembre. Dos días después, su madre le contó por Whatsapp que le daría alojamiento al uruguayo. Josefa le dijo que no lo hiciera. No le hizo caso.
Techera llegó al departamento de Carolina el jueves 12 de septiembre. Al cuarto día, el domingo 15, los vecinos del edificio reportaron a la conserjería que habían escuchado una fuerte discusión. «Dijeron que Carolina estaba tratando de que el tipo se fuera de la casa», dice Karen.
El lunes 16 al mediodía, los conserjes se dieron cuenta de que los perros de Carolina Nazir deambulaban por el edificio sin la dueña. Como no pudieron comunicarse con ella, lo hicieron con su hija.
«Josefa le preguntó a su mamá por Whatsapp dónde estaba y por qué los perros estaban sueltos. Desde el celular de Carolina le llegó un mensaje que decía así, textual: Voy a yamar, estoy llendo. Dos faltas de ortografía groseras y Carolina no escribía con faltas de ortografía. Era evidente que algo raro había».
Al no haber respuestas, el conserje del edificio golpeó la puerta del departamento de Carolina. Tras esperar varios minutos, ubicaron al dueño del departamento para que autorizara abrir la puerta con un cerrajero.
«Cuando entraron vieron a Carolina tendida en la cama, sin vida y con el cuello morado. La habían matado por asfixia», cuenta Karen. Carolina Nazir tenía 51 años.
La huida
Las cámaras de seguridad del edificio mostraron a Techera saliendo del departamento el mediodía del lunes 16. Otra cámara lo ubica poco después en la estación de autobuses de Florianópolis. La policía lo capturó al día siguiente en la localidad de Bagé, en Río Grande do Sul, a 50 kilómetros de la frontera con Uruguay.

«Mañana (martes) viajamos con Josefa a Florianópolis. Va a ser un viaje muy doloroso. Tenemos que ir al departamento de Carolina, luego a la estación de policía donde Josefa tiene que testificar e identificar a este gallo y después tenemos que ir a la morgue a identificar a Carolina», dice Karen. «Luego viene el trámite de traer de vuelta a Carolina a Chile. Sería ideal que la Cancillería nos ayudara un poquito con esos trámites».

«Cuando entraron vieron a Carolina tendida en la cama, sin vida y con el cuello morado. La habían matado por asfixia», Karen Fanta, prima de Carolina Nazir

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